lunes, 22 de diciembre de 2008

Markus Zusak, La Ladrona de Libros




La Muerte y tú


Primero los colores.
Luego los humanos.
así es como acostumbro a ver las cosas.
O,al menos, así intento verlas.

Un pequeño detalle:
Morirás

Sincerqqamente, me esfuerzo por tratar el tema con tranquilidad, pero a casi todo el mundo le cuesta creerme, por más que yo proteste. Por favor, confía en mí. De verdad, puedo ser alegre. Amable, agradarle, afable...Y eso sólo son las palabras que empiezan por "a". Pero no me pidas que sea simpática, la simpatía no va conmigo.


¿Te preocupa?
Insisto: no tengas miedo.
si algo me distingue es que soy justa.

supuesto, una introducción.
Un comienzo.
¿Qué habrá sido de mis modales?
Podría presentarme como es debido pero, la verdad, no es necesario. Pronto me conocerás bien, todo depende de una compleja combinación de variables. Por ahora baste con decir que, tarde o temprano, apareceré ante ti con la mayor cordialidad. Tomaré tu alma en mis manos, un color se posará sobre mi hombro y te llevaré conmigo con suma delicadeza.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Ebony

El alba comenzaba a despuntar entre las espesas nubes grises cuando David llegó a la avenida de antiguas mansiones señoriales que había estado buscando durante la noche. Una semana antes había oído hablar de un palacete con un espejo que se decía que estaba encantado, así que decidió hacer sobre éste su nuevo reportaje.
No le costó encontrar la mansión, pues era la única abandonada y a su alrededor parecía concentrarse el frío de la mañana. La oxidada verja, en otros tiempos pintada de negro, dejaba entrever árboles y arbustos descuidados sin ningún orden aparente, cubiertos por enredaderas. El candado de la puerta cedió de un empujón. Un escalofrío recorrió su espalda cuando traspasó el umbral y la puerta se cerró con una fuerte corriente de aire.
Un camino de granito conducía a la puerta principal, de madera oscura que contrastaba con la blanca pared de la casa. Los árboles apenas le dejaban ver fragmentos de cielo y las estatuas de ángeles de mármol sobre las cuales el musgo había tejido un tupido manto. Las hojas susurraban su nombre con cada ráfaga de viento.
La gran puerta de la casa estaba abierta, por lo que pudo entrar sin necesidad de forzar su cerrojo. El suelo del vestíbulo vestía una capa de polvo en la que fue dejando sus huellas al caminar por las habitaciones, en busca del espejo o algún otro objeto,sin éxito, pues todas las estancias estaban vacías. Los truenos le acompañaron durante el tiempo en que estuvo en la mansión y, cuando decidió abandonarla comenzó a llover con violencia, por lo que decidió quedarse dentro hasta que la tormenta se hubiese calmado y recorrer la
casa de nuevo.
Fue entonces cuando, en el piso superior del palacete, descubrió una habitación escondida en la negrura del pasillo. La puerta de ésta había sido pintada de blanco, al igual que las paredes de toda la casa, lo que la había hecho pasar desapercibida en el primer registro de la casa con la mortecina luz que lograba filtrarse entre las sucias ventanas. La puerta chirrió al abrirse y un nuevo escalofrío, más intenso que el anterior, recorrió su espalda. Dentro encontró un espejo de cuerpo entero. El marco plateado y dorado estaba bellamente decorado con figuras de rosas y ángeles a los costados, en el lado superior había sido grabado un nombre, Ebony. No pudo evitar recorrer con sus dedos los brillantes relieves y el nombre. Contempló su reflejo. El cabello le caía en tirabuzones castaños sobre la frente y bajo sus ojos verdes la piel se había tornado violácea de no haber dormido.
De repente, el cristal pareció transformarse en líquido y comenzó a brillar. Instintivamente retrocedió unos pasos, una melodía alegre y tenebrosa a la vez empezó a sonar en la habitación. Ante su mirada atónita, una mano blanca como la nieve salió del espejo, seguida del cuerpo de una muchacha de aspecto frágil. Tanto su vestido blanco como sus cobrizos bucles ondulaban con un viento inexistente, en su mano derecha sujetaba la flauta travesera que había entonado la melodía, sus ojos, de un azul intenso, se clavaron en David y dibujó una sonrisa en sus tiernos labios. Al igual que el marco del espejo, su piel brillaba blanco-azulada, por lo que le pareció un ser divino.
¿Qu-quién eres?- musitó David, embelesado por su dulce apariencia. Cada vez se sentía más atraído a ella y sus ganas de abrazarla aumentaban a cada segundo pero aun así prefería mantenerse alejado de ella - ¿Un ángel?
Pareció un dudar un momento.
¿Un ángel?- su voz era cristalina, - Sí, eso es, un ángel.
Ella se acercó a él lentamente, cuidando cada movimiento. Su mano acarició la mejilla izquierda del joven, el cual se sonrojó al percibir su olor a lavanda y fresa.
-Un ángel...-murmuró él.
Los labios de ella rozaron los suyos con ternura.
-El ángel de la muerte.- le susurró ella al oído.
Mareado, se apartó de ella. Trastabilló y cayó al suelo, la vista se le había nublado y apenas tenía fuerzas para respirar. La eterna oscuridad le envolvió.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Arthur Golden, Memorias de una Geisha





..."Imagínate que tú y yo estuviéramos sentados en una apacible estancia con visttas a un jardín, tomando té y charlando sobre unas cosas que pasaron hace mucho, mucho tiempo, y yo te dijera <>. Supongo que dejarías la taza sobre la mesa y dirías: <<¿En qué quedamos? ¿fue el mejor o el peor?>>. Tratándose de otra situación, me habría reído de mis palabras y te habría dado la razón. Pero la verdad es que el día que conocí al señor Tanaka Ichiro fue de verdad el mejor y el peor día de mi vida. Me fascinó, incluso el olor a pescado de sus manos me pareció un perfume. De no haberlo conocido, nunca hubiera sido geisha..."

martes, 4 de noviembre de 2008

Ten cuidado con lo que piensas, mi niña, porque sin quererlo, puedes acabar creyendo tus palabras tristes y tus deseos mortales. Y no eres así, aunque te guste por ahora, aunque te guste el resto de tu vida porque, ¿sabes?, te va bien el color negro y ese misterio que arrastras con tu olor a vainilla y sudor indio.

Nunca llegarás a ser tan pálida como esperas, menos si te gusta tanto el sol, la playa y la montaña. Nunca llegarás a despreciar tanto la vida, si sonríes al oír pajarillos y juegas con las niñas que escapan de la escuela, para que les cuentes un cuento y les hagas bailar.

Ese hoyo negro que hay en tu corazón, relleno por temporadas con ansiolíticos y terapias conductuales, no es una reminiscencia de tus días de uñas negras y ojos ocultos tras tu cabello. Es consecuencia, según el médico, de muchos pequeños detalles juntos y algo de hipertensión hereditaria. Pero nadie tiene la culpa, pequeña mía, porque a unos les toca el cáncer y a otros, esto. Da gracias a Dios por eso y levanta la carita.

Sé que no prefieres estar muerta, aunque lo dices varias veces a la semana. O lo sientes y lo callas, pero esas lagrimitas furtivas te delatan, y yo te estoy mirando todo el tiempo, todo el tiempo, todo el tiempo, aunque no me puedas ver a mí, aunque ignores que existo y trates de ocultarme en lo más profundo de tu inconsciencia, cada que sobreviene una crisis de esas, que te ponen tan mal.

Es verdad que no recuerdas qué escribiste en tu brazo cuando te hiciste esa última de tantas cicatrices en el mismo lugar y el resto de tu cuerpo. Si hubieras querido morir, habrías cortado más profundamente. No volverás a pensar que sería lindo irte a los 26 años, aunque morirás en breve, morirá tu yo de hoy y renacerá, aún no sabes en qué y como, pero sí sabes para qué y eso te tiene tranquila.

Me gusta verte así, mi niña, casi sin rastro de aquellos momentos difíciles que intentaste ocultar con un inútil escudo de excentricidad y demonismo. Me gusta que seas amiga aún de tus mejores amigos de entonces, que compartieron sueños suicidas o intentaron hacerte reaccionar con insultos y a la mierda. Me gusta que tengas un mantra para repetir cuando sientes que la culpa te arrastra a tu hoyo rojo y que reces, confiando en que algún buen dios te ayudará. Y esperes que algún amigo no te deje ir.

Siempre ha llegado alguno de ellos.

¿Pensabas que era fácil? No. No es sencillo ser noble, consciente y depresivo a la vez. Pero ayuda a no decaer.

¿Cuántas veces has decaído, bonita? ¿Una, dos, tres? Creo que tres, ¿verdad? ¿Repetirás? Mejor que no, ¿verdad? Pero si ocurre, no me olvides. Con que yo entienda lo que te ocurra, es suficiente. Sin embargo, no te avergüences de pedir ayuda a tu mamá o amigos. Ellos te quieren, pueden ayudarte, pueden apoyarte, pueden acompañarte o, como siempre dices, “pueden quedarse quietecitos, ser adorables y dejar de joder”.

Pero no atraigas tus miedos, ni culpas pasadas que no fueron tales, o que ya no tienen caso. No envidio tu capacidad de rebuscar en recuerdos borrosos un motivo para sentirte miserable. No la envidio, sino que duele. No culpes a tus pasados tristes de tu tristeza actual, pues sabemos que no es tal, que ese huequito en tu pecho, otrora relleno de ansiolíticos, no se cerrará con lamentos, ni resolviendo historias que ya llegaron a su fin.

No tiene caso que retrocedas, mi niña. No retrocedas, porque ninguno te lo agradecerá y sólo te hará daño. No retrocedas, porque no es necesario. Tú lo has dicho, lo has cantado, lo has escrito, lo has suspirado con el corazón en los labios: lineal y hacia delante.

No sonrías porque yo te lo pido, ni porque algún buen muchacho te dice que tu sonrisa es bonita. Sonríe cuando te nazca del ombligo. Y mírame con esos ojos de gato cada vez que quieras, coquetea, juega, grita de alegría y llora de emoción. No te pido descontrol, te pido vida. Tú lo sabes mejor que yo, bonita mía, lo sabes, lo sabes.

Es un asco. Sí, lo sé, es un asco. Pero no es crónico y tal vez sea parte de todo lo que te hace especial. No tengas miedo de no dejarte querer, o de que no te quieran por esto. Sabes bien que arrancas corazones sólo con conocerte un poquito más allá de tu color chocolate. Y sabes lo que vales y lo mucho que te queda por ayudar a conseguir, mi niña oscura. Ve.

lunes, 20 de octubre de 2008

Entre risas y lavandas, entre rocas y olivos caminas a mi lado. Tierras, añiles, escalinatas, un pueblo, mariposas de alas cristalinas en un trozo de papel partícipes silenciosas de nuestro amor.
A lo lejos la figura grácil de un pequeño felino que atento observa nuestro devenir cogidos de la mano. Permanece quieto, mirándonos, sumándose a la complicidad de todo lo que nos rodea, de nuestras voces, nuestra presencia, nuestras miradas.
Juguetón, maúlla, gira panza arriba reclamando caricias, dejándose hacer con los ojos entrecerrados y un ronroneo creciente. Un poco más abajo, un perro celoso pretende, con insistentes ladridos, muestras de cariño también para él.
Nos miramos sorprendidos, imposible evitar una carcajada. Me tomas entre tus brazos, me besas y el mundo desaparece: sólo tú, sólo yo, nosotros.
Nuevas risas nos regresan a la realidad. No hay misterios, sólo nosotros bajo el techo del que cuelga un ventilador con sus aspas quietas, mientras el tiempo da otro giro hacia nuestro pasado, presente y futuro.


....


No recuerdo de donde saqué este texto...

viernes, 17 de octubre de 2008


"Nunca me gustaron los hospitales, aunque a medida que me fui acostumbrando a ellos mi asco por aquel ambiente aséptico fue desapareciendo hasta convertirse casi en rutina. Aquel día me iban a hacer la enésima prueba en lo que iba de año, en un proceso que se había convertido en algo tan rutinario que, lejos de generarme cualquier inquietud, me invitaba al bostezo. Como casi siempre, me llamaron con retraso para esperar a la puerta de las cabinas de rayos X. Me apoyé en la pared y miraba donde podía para pasar el rato. Por el pasillo pasaba bastante gente. Muchos viejos y bastantes batas blancas. De vez en cuando alguien abría una puerta y cantaba una retahíla de nombres entre los que no estaba el mío. Paciencia. De repente, un médico se detuvo junto a mí y se paró a hablar con un señor mayor que esperaba a mi lado, también apoyado en la pared. Por la conversación, supe que se conocían de hace tiempo y supuse que estaba tratando a alguien muy cercano. El viejo, vestido con un abrigo clásico y con cierto punto de elegancia, dijo un par de términos médicos y noté como se le iba la voz cuando le dijo: “está muy mal”. Al médico le dio tiempo a poco más que a alguna palabra cargada más de ánimo para la lucha que de esperanza antes de que se abriera la puerta de la cabina de los rayos X y saliera abrochándose el último botón de la chaqueta de lana y caminando centímetro a centímetro una mujer pequeña y delgada con el pelo blanco recogido en un moño. Cuerpo diminuto avanzando en pasos diminutos. Y entonces lo vi. Vi como ella levantó la vista y miró a su marido con unos ojos que yo no había visto nunca. Quizá era pena, quizá cansancio, quizá tristeza, pero de lo que no dudé nunca era de la entrega y el amor que había en aquella mirada. De como el vínculo que unía a aquellas dos personas era más fuerte que cualquiera de las pasiones que yo hubiera sentido en mi vida. Y allí, en lo que quizá fuera la antesala de su muerte, sentí que aquella señora diminuta, débil y enferma me había dado una lección de vida. Paso a paso, centímetro a centímetro, recorrió en una eternidad los escasos metros que le separaban de su marido y otro escalofrío me recorrió el cuerpo al ver que aquel sentimiento era total y absolutamente correspondido. Así se cogieron del brazo y se marcharon lentamente por el pasillo del hospital mientras la enfermera me llamaba a las pruebas. Fue, sin duda, la demostración de amor más intensa que he visto en toda mi vida."

domingo, 12 de octubre de 2008

Diane Setterfield, El Cuento Número Trece

Mi padre nunca me puso un libro en las manos, pero tampoco me prohibió ninguno. Me dejaba deambular y acariciarlos, elegir uno u otro con más o menos acierto. Leía cuentos sangrientos de memorables heroísmos que los padres del siglo XIX consideraban apropiados para sus hijos e historias góticas de fantasmas que decididamente no lo eran.; leía relatos de mujeres solteras vestidas con miriññaques que emprendían arduos viajes por tierras plagadas de peligros, y leía manuales sobre decoro y buenos modales dirigidos a señoritas de buena familia; leía libros con ilustraciones y libros sin ilustraciones; libros en inglés, libros en francés, libros en idiomas que no entendía, pero que me perditían inventarme historias basándome en unas cuantas palabrasc cuyo significado intuía. Libros.Libros. Y más libros.
En el colegio no hablaba de mis lecturas en la librería. Los retazos de francés arcaico que había ojeado en viejas gramáticas se reflejaban en mis redacciones y, aunque mis maestros los tachaban de faltas de ortografía, nunca lograron erradicarlos. De vez en cuando una clase de historia tocaba una de las profundas pero aleatorias vetas de conocimiento que yo había acumulado mediante mis caprichosas lecturas en la librería. <<¿ Carlomagno?-pensaba-.¿ Mi Carlomagno? ¿ El Carlomagno de la librería? >> En esas ocasiones permanecía muda, pasmada por la momentánea coolosión de dos mundos que no tenían nada más en común.

martes, 30 de septiembre de 2008

Anne Rice, Entrevista con el vampiro


<<-No es necesario-le dije a ella-. Supera cualquier necesidad, todo sentido común, toda...
<<-¡ Qué! ¿ Humanidad? Es un asesino-murmuró-. Un depredador solitario-repitió el propio término de Lestat, burlándose-. No interfieras conmigo ni quieras saber cuándo pienso hacerlo ni te interpongas entre nosotros...- Entonces levantó las manos para hacerme callar y tomó las mías con mucha fuerza, con sus pequeños dedos apretando, torturando mi piel-. Si lo haces, ocasionarás mi destrucción con tu interferencia. No se me puede desalentar.
<<>

miércoles, 24 de septiembre de 2008


No me juzgues. No me maltrates. Sólo trata de mirarme. Entender el sufrimiento que me agobia. Dime que jamás conoceré la gloria. Denigrame, que estoy muerta. Ya no tendré que abrir más puertas. Insultame, golpeame. Ya no pertenezco. Ya no existo. Poco me importa las lágrimas cotidianas que derrocho. Insignificante me es la sangre que derramo por el dolor. Nulo es el dolor e irreal el sufrimiento. Mariposas, hadas, princesas, reinas y doncellas cubren el verdadero gélido y horroroso mundo en el que existo. No existe nada de eso. Me crearon ilusiones en las que caí como la ilusa que siempre fui. Para muchos es fácil decir desde afuera: "querete", "dejalo o morite". Si sólo les cediera mi posición por unos segundos......Un insulto, una palabra, una grosería me llevan a aferrarme más a mi perdición. No me hagan reir, no voy a morir. Porque ya estoy muerta....La sangre que cae al piso expresa odio, dolor, vergüenza, la indignidad de una niña que vive simulando.

viernes, 19 de septiembre de 2008

...A distance there is..., Theatre Of Tragedy


Come in out of the rain thou sayest - but thou ne'er step'staside;And I am trapp'd -A distance there is...None, save me and the bodkin - pitter-patter on the roof:Behold! - 'tis not the rain; thence me it has to be -I will not drink thy vintage wine, my dear;Thou hast heed'd that I am of innocence, yet thou let'st thy lassinto peril -Thou let'st me be parchéd;My heart is of frailthy, my pale skin is huéd damask.When thou thy tears hast hidden, "Come back!", thou sayest -There I soon am to be - but how am I to run when my bones, myheartThou hast me bereaft -But run thou sayest; I run -And there and then I behold that a time will come when I againdead will be.Thou tell'st me to leave without delay -I leave with my bodkin and my tears in my hands;Lo! - the shadows, the sky descending;So by a dint of smite I gait ere I run and melt together withdusk.In my mind in which is this event,But it seems as if naught is to change anyway?!After all these years thou left'st me down in the emotionaldepths -The sombre soakéd velvet-drape is hung upon me,Turning my feelings away from our so ignorant world:All the beautiful moments sharéd, deliberately push'd aside -...a distance there is...

lunes, 8 de septiembre de 2008

Memory,Cats





Midnight
Not a sound from the pavement
Has the moon lost her memory
She is smiling alone
In the lamplight
The withered leaves
collect at my feet
And the wind begins to moan

Memory
All alone in the moonlight
I can dream of the old days
Life was beautiful then
I remember the time I knew
what happiness was
Let the memory live again

Every street lamp seems to beat
A fatalistic warning
Someone mutters and the
street lamp sputters
And soon it will be morning

Daylight
I must wait for the sunrise
I must think of a new life
And I musn't give in
When the dawn comes
Tonight will be a memory too
And a new day will begin

Burnt out ends of smoky days
The stale cold smell of morning
A street lamp dies,
another night is over
Another day is dawning

Touch me,
It's so easy to leave me
All alone with my memory
Of my days in the sun
If you touch me,
You'll understand what happiness is
Look, a new day has begun...

domingo, 31 de agosto de 2008

Carlos Ruiz Zafón, La Sombra Del Viento



...Aquel encuentro en la sala de música del piso de la plaza Real fue el primero entre muchos más a lo largo de aquel verano de 1945 y de los años que siguieron. Pronto mis visitas al piso de los Barceló se hicieron casi diarias, menos los martes y jueves, días en que Clara tenía clase de música con el tal Adrián Neri. Pasaba horas allí y con el tiempo me aprendí de memoria cada sala, cada corredor y cada planta el bosque de don Gustavo. La Sombra Del Viento nos duró un par de semanas, pero no nos costó trabajo encontrar sucesores con que llenar nuestras horas de lectura. Barceló disponía de unas fabulosa biblioteca y, a falta de más títulos de Julián Carax, nos pseamos por docenas de clásicos menores y de frivolidades mayores. Algunas tardes apens leíamos y nos dedicábamos sólo a conversar o incluso a salir a dar un paseo por la plaza o a caminar hasta la catedral. A Clara le encantaba sentarse a escuchar los murmullos de la gente en el claustro y adivinar el eco de los pasos en los callejones de piedra. Me pedía que le describiese las fachadas, las gentes, los coches, las tiendas, las farolas y los escaparates a nuestro paso. A menudo, me tomaba del brazo y yo la guiaba por nuestra Barcelona particular, una que sólo ella y yo podíamos ver. Siempre acabábamos en una granja de la calle Petritxol, compatiendo un plato de nata o un suizo con melindros. A veces la gente nos miraba de refilón, y más de un camarero listillo se refería a ella como "tu hermana mayor", perom yo hacía caso omiso de burlas e insinuaciones...

domingo, 10 de agosto de 2008

Alice


Alice despertó con el sonido del viejo reloj dando las campanadas de medianoche. La sábana con la que se había cubierto al acostarse tan sólo la tapaba hasta la cintura y caía por uno de los costados de la cama. La luz de la luna llena que se filtraba por la sucia ventana daba una singular luminosidad al escaso mobiliario de la estancia. El suelo de madrea crujió bajo sus pies al levantarse de la cama. Anduvo hasta el espejo colgado de la pared. El marco de éste estaba bellamente decorado con pequeños dibujos de oro y plata. El espejo le devolvió el reflejo de una niña de diez años de ojos color chocolate. Su cabello castaño oscuro y liso enmarcaba el delicado rostro de una muñeca piel blanca y pecas en las mejillas. . El viento penetraba por las rendijas y hacía danzar a las cortinas, creando siniestras sombras en su dulce cara.
Volvió la cabeza hacia la ventana. Fuera reinaba el silencio. Recordó la tarde anterior, cuando entró en el sótano de la casa abandonada, justo antes de que las bombas comenzasen a caer sobre la ciudad. En su inocencia, pensó que las bombas eran una tormenta y se durmió, abrazada a un peluche de un gato que había encontrado en la primera planta de la casa. Nunca había tenido un peluche, pues sus padres no podían permitirse tal lujo.
Subió las viejas escaleras y abrió la puerta que daba al exterior. Traspasó el umbral con el gato bien abrazado, como si tuviese miedo de perderlo.
Las casas a su alrededor habían sido convertidas en escombros, cristales inundaban las calles y los cuerpos inmóviles de los ciudadanos. Extrañada, se preguntó cómo podían estar durmiendo en la calle. La nieve caía dulcemente, cubriendo todo en un intento de devolver la normalidad al lugar. El cielo tenía un extraño color cobrizo.
También la casa abandonada detrás de ella había sufrido graves daños por las explosiones. Miró a su alrededor con horror. Tenía frío y no tenía nada con lo que arroparse. Iba descalza y el vestido blanco-azulado de tirantes le llegaba hasta la mitad de los muslos. Agarró con más fuerza al gato y comenzó a caminar de puntillas, con cuidado de no clavarse ningún cristal. Unas calles más allá encontró unos zapatos de su talla en una tienda de zapatos medio derruida. Cuando volvió a salir a la calle de nuevo el miedo la embargó por completo. No había caído en la cuenta de que toda la ciudad había sido reducida a escombros. Sus ojos se humedecieron. Comenzó a correr, desesperada, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas, enrojecidas por el esfuerzo y el frío.
De vez en cuando paraba para coger aire, pero en seguida seguía corriendo, pues no podía soportar la imagen de la ciudad ni del cielo rojo.
Cuando llegó a las afueras de la ciudad, el cielo comenzaba a clarear a lo lejos.
Agotada y con los músculos entumecidos por el frío cayó sobre el césped, húmedo del rocío.

Cuando abrió los ojos estaba en la parte trasera de una lujosa limusina. Las piernas le dolían tanto que pensó que no podría moverlas y las costillas le dolían al respirar. Su cabeza estaba apoyada en las piernas de un joven. Éste miraba hacía las montañas que se abrían a lo lejos. Levaba el pelo cobrizo recogido en una coleta que le llegaba hasta la mitad de la espalda y varios mechones más cortos caían en suaves ondas sobre su rostro. La niña se movió un poco y el muchacho la miró. Sus ojos eran cálidos y la transportaron a un mundo soleado por unos instantes.
Alice buscó al gato por el asiento, pero no lo encontró. El joven, al ver que la niña miraba todo a su alrededor y sus ojos se llenaban de lágrimas preguntó:
-Suchst du das Kätchen? ¿Buscas al gatito?
La niña asintió con los ojos llenos de lágrimas. El muchacho le dijo algo al conductor y éste le dio el peluche, que estaba en el asiento del copiloto. La niña abrazó el gato aliviada. El joven sonrió y acarició el pelo de la niña con dulzura.
-¿Cómo te llamas?- preguntó
-Alice-. contestó la niña casi en un susurro- Gracias por rescatarme
...
Otra historia más escrita por mí. (Creo que ya es obvio por lo mal que escribo, pero bueno)

viernes, 8 de agosto de 2008

Victoria Francés, Favole (II)

En el camino entre la vida y la muerte, abrió los ojos por unos instantes al mundo de los espectros. Sorprendida, observó como una doncella fantasmal de cabellos cárdenos abrazaba su cuerpo sin vida y lamía la sangre de su falda...
-¿Eres tú la muerte?- preguntó el alma de la niña a la misteriosa vampira.
-No, tu sangre es mi alimento; éste es el mundo de los espectros. La muerte es un ángel, ¿recuerdas?-respondió Favole.
"...Angelique...", susurraban las ráfagas de viento y nieve a su llegada.
Y antes ellas apareció un hermoso ángel de alas negras que sonreía dilcemente mientras iba dejando a su paso una senda de violetas deshojadas... Perséfone snrió al ángel de sus canciones, al tiempo que su alma desaparecía en la más absoluta felicidad. Jamás volvería a estar enferma...
Pro Favole continuaba en el mundo de los espectros mientras degustaba la sangre de un cuerpo recién fallecido y miraba de nuevo a la bella dama de alas negras. Su cabello era largo y oscuro, sus ropas permanecían extendidas en la nieve y cientos de mariposas violáceas revoloteaban a su rededor.
Como si de un sueño se tratase, la hrmosa dama se agachó ante Favole y le acarició el rostro. Volvió a sonreír y desapareció, llevándose consigo el alma de la niña...
Un sendero interminable de violetas comenzó a formarse en la nieve y Favole, impulsada por una fuerza superior, se alzó siguiendo aquel rumbo. A lo lejos, un castillo imponente se alzaba sobre el país de los espectros...

martes, 5 de agosto de 2008

Victória Francés, Favole

3.Gélida Luz

Angelique Violetas en el Hielo

"La muerte es un ángel", cantaba Perséfone, la niña enfermiza que soñaba con ser mujer, bailar en salones con cientos de pretendientes y vivir en un cuento de brujas y fantasmas.
Su mirada lánguida de muñeca triste cruzaba constantemente el ventanal de su cabaña, donde la nieve caía dulcemente y cubría el camino hacia el bosque. Perséfone estaba acostumbrada a la enfermedad desde su nacimiento y, aunque el frío de la nieve fuese mortal para ella, decidió salir aquella mañana, dar un pequeño paseo por el bosque y sentir el frío que su madrastra le prohibía constantemente... no sin antes espolvorearse el rostro blanco como la nieve, pintar de carmín un corazón en sus labios y peinarse los bucles de ébano.
Ataviada como una hermosa princesa, salió de la cabaña y se adentró en el bosque helado, mientras mordía una manzana tan roja como la sangre... hacía mucho frío, tanto que las piernas en ocasiones parecían no obedecerla y el pecho se amorataba dolorosamente. Agotada, decidió asentar el cuerpo en la nieve y se puso a temblar.

"Rojos como la sangre son tus labios, Angelique, negras tus alas de muerte cuando vengas a por mí...", cantaba la niña y, sin motivo, comenzó a sangrar debajo de la falda morada y corrumpió la pureza de la nieve... Su primera menstruación había llegado y, con ella, el fin de su infancia.

De repente, un cortejo de mariposas víoláceas le cruzó por delante del rostro y, a causa del sobresalto, un bocado de la manzana obstruyó la garganta de la niña.
El frío de la nieve y la roja manzana se inyectaron como un veneno letal en la muchacha, que falleció de asfixia, en plena pubertad.

viernes, 1 de agosto de 2008

Alice Sebold, Desde Mi Cielo


"Me llamo Salmon, como el pez; de nombre, Susie. Tenía catorce años cuando me asesinaron, el 6 de diciembre de 1973. Si veis las fotos de niñas desaparecidas de los periódicos de los años setenta, la mayoría eran como yo: niñas blancas de pelo castaño desvaído. Eso era antes de que en los envases de cartón de la leche o en el correo diario empezaran a aparecer niños de todas las razas y sexos. Era cuando la gente aún creía que no pasaban esas cosas.
En el anuario de mi colegio yo había escrito un verso de un poeta español por quien mi hermana había logrado interesarme, Juan Ramón Jiménez. Decía así:" Si te dan papel rayado, escribe de través". Lo escogí porque expresaba mi desdén por mi entorno estructurado en el aula, y porque al no tratarse de la tonta letra de un grupo de rock, me señalaba como una joven de letras. Yo era miembro del Club de Ajedrez y del Club de Químicas, y en la clase de ciencias del hogar de la señoritra Delminico se me quemaba todo lo que intentaba cocinar. Mi profesor favorito era el señor Botte, que enseñaba biología y disfrutaba estimulando a las ranas y los cangrejos que teníamos que diseccionar, haciéndoles bailar en sus bandejas enceradas.
No me mató el señor Botte, por cierto. No creáis que todas las personas que vais a conocr aquí son sospechosas. Ese es el problema. Nunca sabes. El señor Botte estuvo en mi funeral (al igual que casi todo el colegio, si se me permite decirlo; nunca he sido más popular) y lloró bastante. Tenía una hija enferma. Todos lo sabíamos, de modo que cuando se reía de sus propios chistes, que ya estaban pasados de moda mucho antes de que yo lo tuviera como profesor, también nos reíamos, a veces con una risa forzada, para dejarlo contento. Su hija murió un año y medio después que yo. Tenía leucemia, pero nunca la he visto en mi colegio..."

...

Mi último libro adquirido, algo maltratado porque estaba en un quiosco. Hace bastante había oído hablar sobre él nada m´s saber de su existencia lo apunté en mi gran lista de libros que me gustaría leer.
Por primera vez en mucho tiempo mi padres han aceptado regalarme un libro y, aunque tan solo haya leído la primera página, tengo la sensación de haber escogido bien el libro.

jueves, 31 de julio de 2008

Anne Rice, Pandora [II]

...Me alcé hacia ella. Su brazo me rodeó y apartó el cabello del rostro. Extendí los brazos para abrazarla por el cuello porque no podía hacer otra cosa. Estábamos demasiado cerca para otro posible signo de amor.
Sentí la suave seda de su pelo trenzado, y la frialdad y firmeza de sus hombros, de su brazo. Pero ella no me miró. Era un objeto petrificado. ¿Podía mirarme?¿Había decidido permanecer en silencio, con la vista clavada al frente? ¿Era presa de un hechizo malévolo, un hechizo del que sólo podían despertarla un millar de himnos?
En mi delirio vi las palabras grabadas en unas piezas de oro entre las joyas de su collar. "Traedme al malvado y beberé su sangre."
Tuve la impresión de que me hallaba en el desierto y el collar daba tumbos por la arena, arrastrado por el viento, como el cadáver del ser abrasado. Abatido, perdido, para ser rehecho.
Sentí como si un imán invisible atrajera mi cabeza hacia su cuello. Ella extendió los dedos sobre mi pelo, dirigiendo los movimientos de mi cabeza, instando a mis labios a sentir aquella piel.
Ella ladeó la cabeza ligeramente, apartado un poco el rostro, mostrándome el cuello. Vi con toda nitidez la vena de la que ella deseaba que bebiera.
La Reina pasó los dedos delicadamente a través de mi pelo, sin tirar de él y sin lastimarme, simplemente tomándome la cabeza, haciéndome experimentar un delicioso éxtasis, instándome con suavidad a aproximar el rostro y que mis labios ya no pudieran rehuir el contacto con su explendorosa piel...


martes, 29 de julio de 2008

Anne Rice, Pandora


"...De pronto se alzó el velo que durante toda mi vida se había interpuesto entre mí y las cosas que me rodeaban; ahora, bajo sus colores y formas auténticas, mostraban su auténtico porpósito e identidad: la Reina, con la vista clavada al frente, permanecía inmóvil como el Rey. La vida no podía haber imitado esa serenidad, esa absoluta parálisis. Oí que caían unas gotas de agua de las flores, una minúsculas gotas que daban sobre el suelo de mármol; oí también la caída de una hoja. Al volverme vi la minúscula hoja, rizada, meciéndose sobre las losas. Oí la brisa deslizarse debajo del dorado techo abovedado. Las llamas de las lámparas entonaban una canción.
El mundo se componía de canciones entretejidas, esa un tapiz formado por canciones. Los mosaicos multicolores refulgían, luego perdían su forma y dibujo. Los muros se disolvían en una bruma coloreada que nos envolvía, a través de la cual podían vagar eternamente...."

domingo, 27 de julio de 2008

Victoria Francés, El Corazón De Arlene

2. Ha pasado un ángel...

... En una de las encrucijadas del laberinto encontró una curiosa señalización que marcaba el camino hacia un supuesto castillo que se divisaba a lo lejos.
Aquel nuevo camino estaba plagado e mendigos que dormían en silencio y jóvenes escuálidos que inyectaban extrañas sustancias en sus venas. Sus miradas se perdían en el cielo del atardecer, mientras Arlene pasaba junto a todos ellos sin saber cómo calmar su sufrimiento...

Uno de aquellos seres llamó poderosamente su atención , pues llevaba una máscara con la que se cubría medio rostro y su cuerpo estaba lleno de cicatrices precidas a la que Arlene lucía en su pecho izquierdo.
La muñeca intentó imaginar cómo sería su rostro si retirase aquella máscara, y en su mente creó una imagen de aquel joven que acabó por enamorarla, pues sus facciones parecían las mismas ue poseían los ángeles en su imaginación.

De repente, el joven retiró la máscara y dejó al descubierto su medio rostro quemado... Por unos momentos, Arlene se sorprendió ante aquella visión, pero al volver a observar aquella mirada angelical, se acercó hacia su piel quemada y besó sus labios, totalmente enamorada.

Cayó la noche en aquel laberinto de soledad, y Arlene abrazó a su miserioso compañero para dormir sobre su pecho, mientras escuchaba la dulce música que emitían los latidos de su corazón....

jueves, 17 de julio de 2008

Nota sobre la última actualización


Esa pequeña historia la escribí hace más de dos años ( de ahí su mala calidad) y hace casi un año que había caído en el olvido de mi mente.
La idea de está historia apareció cuando volvía de estar con mis amigos. Estaba anocheciendo y fuera el viento movía las ramas de los pequeños árboles plantados en las aceras. Yo miraba desde la ventana del autobús hacía el cielo, esperando ver la cúpula del crematorio y el ángel que,sentado sobre su trono de piedra, guardaba el
cementerio desde las alturas.
No hacía mucho desde que mi hermana me hubiera mostrado por primera vez a aquel ser alado y desde el primer momento me hechizó.
Ese día surgió la historia del ángel guardián. Quizás fuese porque en el autobús siempre tengo tiempo para pensar o porque en esos momentos aún soñaba con entrar en un cementerio y tocar el violín dentro. "Algún día lo haré, cuando sepa tocar el violín y tenga un vestido negro..."

La gente siempre me mira extrañada cuando digo que me encanta buscar ángeles de piedra en los cementerios. Solo es el entretenimiento de una niña que vive rodeada por un inmenso cementerio. O quizás busca identificarse con ellos... Aquellos seres tan inocentes y puros...
O quizás solo sea una historia de una niña loca...

miércoles, 16 de julio de 2008

El ángel de piedra

Una figura se recortó entre la arboleda cuando el amanecer comenzaba a despuntar, iluminando la cúpula del crematorio.

Las hojas y las ramas secas crujieron bajo las faldas negras de su vestido, mientras emprendía el camino hasta los muros que la separaban del cementerio. En la espalda cargaba la caja de un violín y en su mano derecha, blanca como la nieve, sostenía el arco con cuidado.

Cuando llegó a la verja sacó una llave oxidada de los pliegues de su vestido y abrió la puerta con cuidado.

La calma la inundó cuando contempló las lápidas cubiertas de moho y enredaderas y una brisa comenzó a soplar haciendo ondular su cabello negro y enredándolo alrededor de sus delicados brazos. Cerró los ojos y por un momento le pareció que el viento susurraba su nombre y se imaginó que eran las almas de los fallecidos los que le cantaban al oído.

Dejó la caja del violín sobre una lápida y sacó el violín. Miró al ángel que guardaba la tumba y le sonrió. La música comenzó a sonar del violín a la vez que el cementerio quedaba en silencio. Ningún pájaro cantaba, incluso el viento había dejado de soplar. Todas las almas escuchaban sobrecogidas las melodías que la joven creaba.

La muchacha dejó de tocar cuando el sol iluminaba el cementerio por completo. Al terminar de guardar el violín y el arco gateó encima de la tumba hasta encontrarse su mirada con la del ángel guardián. Sonrió y le acarició la mejilla de granito, frío y húmedo por las gotas de rocío. Su mano acarició sus labios suavemente y acercó su rostro al del ser alado.

Los labios de ambos se rozaron. La joven se sintió mareada y cayó sobre la piedra, inconsciente.

Pasaron muchos años hasta que alguien volvió a penetrar en aquel cementerio del pueblo abandonado. El niño había descubierto los muros por casualidad mientras corría detrás de un conejo blanco y negro.

Anduvo entre las lápidas hasta llegar a una tumba en la que un ángel sostenía a una muchacha inconsciente entre sus brazos y la miraba con una mezcla de dulzura y preocupación. Pero había algo extraño en las estatuas. Las esculturas estaban bellamente pintadas, pues ambas figuras parecías reales. Incluso los cabellos de la joven parecían pintados uno a uno y la piel de ambos era blanda como la de los humanos…

martes, 15 de julio de 2008

Bram Stoker, Drácula



"Tan pronto divisaba aldehuelas como castillos agaxapados en la cima de escarchadas colinas, semejantes a los que se ven en los grabados antiguos"
"Todo era nuevo para mí:los montones de bágalo hacinados hasta en los árboles, los innumerables sauces llorones,con sus ramas brillantes como plata por entre el verde pálido de sus hojas..."
"Aunque sonreía al hablar, la expresión de su rostro era dura. Se hallaba muy cerca del carruaje, por lo que pude distinguir perfectamente sus labios, muy rojos, y sus puntiagudos dientes, tan blancos como el marfíl. Uno de los pasajeros de la diligencia murmuró al oído del vecino el famoso verso de Leonore, de Burger:" Denn die Toten reiten schnell...( Ya que los muertos cabalgan rápido)""
"-Escúcheles!-exclamó-.¡Son los hijos de la noche! ¡Sus aullidos son música para mis oídos!"
"A medida que se abría la puerta, los aullidos de los lobos resonaban con mayor furia. Los animales, con las fauces entreabiertas, dejando ver sus rojas encías y sus rechinantes dientes, aparecieron frente al umbral. Comprendí que era vano pretender oponerme a la voluntad del conde."
"Lo que teníamos allí delante parecía la pesadilla de Lucy. Los dientes puntiagudos, los labios voluptuosos, manchados de sangre... todo ello parecia una burla diabólica de lo que el cuerpo de Lucy había sido en vida."
"por la avenida de los tejos avanzaba una figura blanca que sostenía contra el pecho algo oscuro. De repente, la figura se detuvo y, un rayo de luna asomó entre dos nubes e iluminó la aparición: era una mujer envuelta en un blanco sudario. No le vimos el rostro, ya que tenía la cabezainclinada hacia lo que llevaba en los brazos...."
"-Fue mi mano la que la envió a las estrellas, la mano de quien ella más amaba en este mundo, la mano que ella misma habría elegido para este trance, de poder hacerlo-"
"Incluso en la oscuridad se veía luz, como la que siempre hay sobre la nieve, y parecía que las ráfagas de nieve y los cendales de niebla adoptasen la forma de mujeres con largos vestidos flotantes."

domingo, 13 de julio de 2008

Forever Slave, The Letter

[Dedicated to Memory of Rufo Kiss]
My dear friend
I write this letter
Because my words
Can't be heard

Tears of sorrow
Break this silence
While your soul is flying
A long way from here

Along the shore
Your soul reduced to dust

I'll keep the memories in my heart
Anf your soul in my mind.
You're leaving here forever
To a place of Avalon.

Along the ocean
The storm reduced
Your soul to ashes

- I have lost my dreams
- Today you life is a whisper for the angels
- No please! I must find a new way
- Darling... You have left in the world what you knew

lunes, 30 de junio de 2008

Carlos Ruiz Zafón, La Sombra Del Viento


El Cementerio De Los Libros Olvidados
Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgracnaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido.
-Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie-advirtió mi padre-. Ni a tu amigo Tomás. A nadie.
-¿Ni siquiera a mamá? - inquirí yo, a media voz.
Mi padre suspiró, amparado en aquella sonrisa triste que le perseguía como una sombra por la vida.
-Claro que sí-respondió cabizbajo-. Con ella no tenemos secretos. A ella puedes contárselo todo.
Poco después de la guerra civil, un brote de cólera se había llevado a mi madre. La enterramos en montjuïc el día de mi cuarto cumpleaños. Solo recuerdo que llovió todo el día y toda la noche, y que cuando le predgunté a mi padre si el cielo lloraba le faltó la voz para responderme. Sei años después, la ausencia de mi madre era para mí todavía un espejismo, un silencio a gritos que aún no había aprendido a acallar con palabras...

martes, 17 de junio de 2008

Epica-Solitary ground

living at different places
evading into various spaces
my compass has broken; I´m losing the way
an ongoing madness has led me astray

My past breathes down my neck
and it seems now that all I can do is
go back to beginnings when all lay ahead
a fading illusion now plagues me instead

in me there´s still a place that fulfils me
a sanctity here that I call home and run to when winter descends
if I try can I find solid ground

I follow elusive paths
oh it seems they´ve been written in stone
and the door to a new life is closing so fast
burning the bridges will not bring me back

in me there´s still a place that fulfils me
a sanctity here that I call home and run to
when winter descends,
if I try can I find solid ground

I know that in me there still a place that fulfils me
a sanctity here, that I call home and run to
when winter descends
If I try can I find solid ground

Or am I just wasting time?

sábado, 14 de junio de 2008


Ten cuidado con lo que piensas, mi niña, porque sin quererlo, puedes acabar creyendo tus palabras tristes y tus deseos mortales. Y no eres así, aunque te guste por ahora, aunque te guste el resto de tu vida porque, ¿sabes?, te va bien el color negro y ese misterio que arrastras con tu olor a vainilla y sudor indio.
Nunca llegarás a ser tan pálida como esperas, menos si te gusta tanto el sol, la playa y la montaña. Nunca llegarás a despreciar tanto la vida, si sonríes al oír pajarillos y juegas con las niñas que escapan de la escuela, para que les cuentes un cuento y les hagas bailar.
Ese hoyo negro que hay en tu corazón, relleno por temporadas con ansiolíticos y terapias conductuales, no es una reminiscencia de tus días de uñas negras y ojos ocultos tras tu cabello. Es consecuencia, según el médico, de muchos pequeños detalles juntos y algo de hipertensión hereditaria. Pero nadie tiene la culpa, pequeña mía, porque a unos les toca el cáncer y a otros, esto. Da gracias a Dios por eso y levanta la carita.
Sé que no prefieres estar muerta, aunque lo dices varias veces a la semana. O lo sientes y lo callas, pero esas lagrimitas furtivas te delatan, y yo te estoy mirando todo el tiempo, todo el tiempo, todo el tiempo, aunque no me puedas ver a mí, aunque ignores que existo y trates de ocultarme en lo más profundo de tu inconsciencia, cada que sobreviene una crisis de esas, que te ponen tan mal.
Es verdad que no recuerdas qué escribiste en tu brazo cuando te hiciste esa última de tantas cicatrices en el mismo lugar y el resto de tu cuerpo. Si hubieras querido morir, habrías cortado más profundamente. No volverás a pensar que sería lindo irte a los 26 años, aunque morirás en breve, morirá tu yo de hoy y renacerá, aún no sabes en qué y como, pero sí sabes para qué y eso te tiene tranquila.
Me gusta verte así, mi niña, casi sin rastro de aquellos momentos difíciles que intentaste ocultar con un inútil escudo de excentricidad y demonismo. Me gusta que seas amiga aún de tus mejores amigos de entonces, que compartieron sueños suicidas o intentaron hacerte reaccionar con insultos y a la mierda. Me gusta que tengas un mantra para repetir cuando sientes que la culpa te arrastra a tu hoyo rojo y que reces, confiando en que algún buen dios te ayudará. Y esperes que algún amigo no te deje ir.
Siempre ha llegado alguno de ellos.
¿Pensabas que era fácil? No. No es sencillo ser noble, consciente y depresivo a la vez. Pero ayuda a no decaer.
¿Cuántas veces has decaído, bonita? ¿Una, dos, tres? Creo que tres, ¿verdad? ¿Repetirás? Mejor que no, ¿verdad? Pero si ocurre, no me olvides. Con que yo entienda lo que te ocurra, es suficiente. Sin embargo, no te avergüences de pedir ayuda a tu mamá o amigos. Ellos te quieren, pueden ayudarte, pueden apoyarte, pueden acompañarte o, como siempre dices, “pueden quedarse quietecitos, ser adorables y dejar de joder”.
Pero no atraigas tus miedos, ni culpas pasadas que no fueron tales, o que ya no tienen caso. No envidio tu capacidad de rebuscar en recuerdos borrosos un motivo para sentirte miserable. No la envidio, sino que duele. No culpes a tus pasados tristes de tu tristeza actual, pues sabemos que no es tal, que ese huequito en tu pecho, otrora relleno de ansiolíticos, no se cerrará con lamentos, ni resolviendo historias que ya llegaron a su fin.
No tiene caso que retrocedas, mi niña. No retrocedas, porque ninguno te lo agradecerá y sólo te hará daño. No retrocedas, porque no es necesario. Tú lo has dicho, lo has cantado, lo has escrito, lo has suspirado con el corazón en los labios: lineal y hacia delante.
No sonrías porque yo te lo pido, ni porque algún buen muchacho te dice que tu sonrisa es bonita. Sonríe cuando te nazca del ombligo. Y mírame con esos ojos de gato cada vez que quieras, coquetea, juega, grita de alegría y llora de emoción. No te pido descontrol, te pido vida. Tú lo sabes mejor que yo, bonita mía, lo sabes, lo sabes.
Es un asco. Sí, lo sé, es un asco. Pero no es crónico y tal vez sea parte de todo lo que te hace especial. No tengas miedo de no dejarte querer, o de que no te quieran por esto. Sabes bien que arrancas corazones sólo con conocerte un poquito más allá de tu color chocolate. Y sabes lo que vales y lo mucho que te queda por ayudar a conseguir, mi niña oscura. Ve.

sábado, 7 de junio de 2008

Forever Slave, Equilibrium


[Alice:]
Darkness you got my soul
I feel you across my veins,
My heart is getting cold,
Guide me trough eternity,...
[The Oracle:]
Darkness I got your soul
I feel you across my veins,
Your heart is getting cold,
I will guide you trough eternity,...
[Alice:]
Run away,
My sacrifice is just...
My life and my sins are silence
My secrets are in my mind
My life is not secure
[The Oracle:]
Now you'll born in me,
The night will be our day,
You will learn to feel the Real life,...
[Alice:]
Run away.
I want to be free
My life is an imperfect dream
My secrets are in my mind
My life is not secure
In the lost night
Souls are flying so far
I saw a dark way
You were crying, I was faraway
The equilibrium is broken You sacrifice destroyed Our country You won a point in your goals We lost all, Alice saves us Travel to a city The name is Tenebra Warrior monks are their guardians Discover their secrets, Alice will save us

miércoles, 4 de junio de 2008

Theodor Fontane, Die Brück' am Tay (28 Dezember 1879)

"Wann treffen wir drei wieder zusamm'"
"Um die siebende Stund', am Brückendamm."
"Am Mittelpfeiler."
"Ich lösche die Flamm"
"Ich mit."
"Ich komme vom Norden hr."
"Und ich vom Süden."
"Und ich vom Meer."
"Hei, das gibt einen Ringelreihn,
Und die Brücke muss in den Grund hinein."
"Und der Zug, der in die Brücke tritt
Un die siebende Stund' ?"
"Ei, er muss mit"
"Muss mit."
"Tand, Tand
Ist das Gebilde von Menschenhand!"

...

Auf der Norderseite, das Brückenhaus-

Alle Fenster sehen nach Süden aus,

Und die Brücknersleut' ohne Rast und Ruh

Und in Bangen sehen nach Süden zu,

Sehen und warten, ob nicht ein Licht

Übers Wasser hin "Ich komme" spricht,

"Ich komme, trotz Nacht und Sturmesflug,

Ich, der Edinburger Zug."

Und der Brückner jetzt:" Ich seh' einen Schein

Am anderen Ufer. Das muss er sein.

Nun, Mutter, weg mit dem bangen Traum,

Unser Johnie kommt und will seinen Baum,

Und was noch am Baume von Lichtern ist,

Zünd' alles an wie zum heiligen Christ,

Der will heuer zweimal mit uns sein, -

Und in elf Minuten ist er herein."

...

Und es war der Zug. Am Südensturm

Keucht er vorbei jetzt gegen den Sturm,

Und Johnie spricht:" Die Brücke noch!

Aber was tut es, wir zwingen es doch.

Ein fester Kessel, ein doppelter Dampf,

Die bleiben Sieger in solchem Kampf.

Und wie's aunch rast un ringt und rennt,

Wir kriegen es unter, das Element.

Und unser Stolz ist unsre Brück';

Ich lache, denk' ich an früher zurück,

An all den Jammer und all die Not

Mit dem elend alten Schifferboot;

Wie manche liebe Christfestnacht

Hab' ich im Fährhaus zugebracht

Und sah unsrer Fenster lichten Schein

Und zählte und konnte nicht drüben sein."

Auf der Norderseite, das Brückenhaus-

Alle Fenster sehen nach Süden aus,

Und die Brückenrsleut' ohne Rast und Ruh

Und in Bangen sehen nach Süden su;

Denn wütender wurde der Winde Spiel,

Und jetzt, als ob Feuer vom Himmel fiel',

Erglüht es in niederschiessender Pracht

Überm Wasser unten...Und wieder ist Nacht.

"Wann treffen wir drei wieder zusamm?"

"Um Mittelnacht, am Bergeskamm."

"Auf dem hohen Moor, am Erlenstamm"

"Ich komme."

"Ich mit."

"Ich nenn' euch die Zahl."

"Und ich die Namen."

"Und ich die Qual."

"Hei,

Wie Splitter brach das Gebälk entzwei."

"Tand, Tand

Ist das Gebilde von Menschenhand."

sábado, 24 de mayo de 2008

Anne Rice, Lestat El Vampiro


Allí, a gran profundidad bajo el suelo, había azucenas blancas y de brillo ceroso, relucientes con las gotitas de humedad, y rosas en todos los tonos, del rojo al rosado más pálido, a punto de caer de sus tallos. Aquella cámara era una capilla, con el suave parpadeo de las lámparas votivas y el perfume de mil ramos de flores.
los muros estaban pintados al fresco como los de una antigua iglesia italiana, con pan de oro en los dibujos. Sin embargo, las imagénes no eran los de unos santos cristrianos.
Palmeras egipcias, el desierto amarillo, las tres pirámides, las aguas azules del Nilo. Y los hombres y mujeres egipcios con sus barcas de gráciles formas surcando el río, los peces multicolores de sus profundidades, los pájaros de alas púrpura en el aire.
Y el oro presente en todo ello, en el sol que brillaba en los cielos, en las pirámides que relucían a lo lejos, en las escamas de los peces y las plumas de las aves, y en los ornamentos de las esbeltas y delicadas figuras egipcias que permanecían inmóviles, mirando al frente, en sus largas y estrechas embarcaciones verdes.
Cerré los ojos un momento. Los abrí lentamente y vi el conjunto de la cámara como un gran santuario.
Hileras de lirios sobre un altar bajo de piedra que sostenía un inmenso sagrario de oro, un tabernáculo labrado de refinados bajorrelieves con los mismos dibujos egipcios. Y una corrientre de aire que llegaba entre profundas grietas de la roca, agitando las llamas de las lámparas perpetuas y meciendo las grandes hojas, como palas verdes, de los lirios que se alzaban en sus recipientes de agua, despidiendo su perfume embriagador.
Casi no repiraba cuando las puertas de oro se abrieron por completo, retirándose hasta dejar a la vista dos espléndidas figuras egipcias, un hombre y una mujer, sentados uno al lado del otro.
La luz bañó sus rostros finos, delicadamente esculpidos, y sus blancas extremidades, decorosamente dispuestas. Y destelló en sus ojos oscuros.
Me dije que, si acaso , podría tocar el revés de la mano de la figura masculina sin que ello pareciera tan sacrílego; sin embargo, lo que deseaba realmente era tocar el rostro de la mujer. Por fin, alcé los dedos hasta las mejillas de la estatua femenina. Y con gesto titubeante, dejé que las yemas rozaran la blanca piedra. A continuación, clavé la mirada en sus ojos.
Lo que estaban tocando mis dedos no podía ser piedra. No podía... Más bien tenía el mismo tacto que... Y en los ojos de la mujer había algo... algo que...
Antes de que mi mente pudiera reaccionar, mis pies retrocedieron.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Anne Rice, La Reina De Los Condenados


Casi al instante, vio a Louis que entraba en un salón vacío. Acababa de subir las escaleras del sótano donde había dormido su sueño diurno en una cripta oculta tras un muro. No era consciente de que lo estaban observando. Con sedosos pasos largos cruzó la polvorienta pieza y se detuvo a mirar, a través del sucio cristal, el denso flujo del tráfico. La misma vieja casa de Divisadero Street. De hecho, poco había cambiado en aquella elegante y sensual criatura que había provocado cierta pequeña agitación con sus "Confesiones de un vampiro". Excepto que ahora era él quien esperaba a Lestat. Había tenido sueños perturbadores; tebnía miedo por Lestat, y antiguas y desconocidas añoranzas le llenaban el pecho.
Con reticencia, dejó que la imagen se fuera. Sentía muchao afecto por éste, por Louis. Y este afecto no era sensato, porque Louis poseía un alma dulce y educada y ninguno de los poderes de Gabrielle y de su endemoniado hijo. Sin embargo, estaba seguro de que Louis podría sobrevivir tanto tiempo como ellos. Eran curiosas las clases de valor que contribuían a la resistencia. Quizá tenía algo que ver con la aceptación. Pero entonces, ¿cómo explicar lo de Lestat: derrotad y lleno de cicatrices y de nuevo en pie? Lestat, que nunca aceptaba nada.

viernes, 16 de mayo de 2008

Epica, Indigo


Quaestio nostra es aetrna
Ultima requies fons vitae
Sed nos eam novam existimemus
(Nuestra búsqueda es eterna
El último descanso es la fuente de vida
Pero debemos valorar lo nuevo)

miércoles, 14 de mayo de 2008

Trozos de Canciones de Epica


"We consciously sign our own sentence of death
How can you go on, did you forget
What we have learnt from the past?
We cant go on killing ourselves
And with us all the rest
Why cant you see, dont you regret?"
(Mother Of Light)
"Nothing will be forever gone
Memories will stay, and find their way
What goes around will come around
Don't deny your fears
So let them go and fade into light
Give up the fight here"
I want the night just to colour the day
The morning to chase all my nightmares away
Don't you deny that we're all human beings
We all have our flaws that can make us obscene"
(Chasing The Dragon)
"Try to unlearn all that youve learnt
Try to listen to your heart
No, we cant understand the universe
by just using our minds
We are so afraid of all the things unknown
We just flee into a dream that never comes true"
(Consign To Oblivion)
"Beyond the shore the sea is filled up
with sentiment and strengthç
Here lie the thoughts imprisoned
A field of forces and laments"
(Force Of The Shore)
"We are wandering towards a blank infinity
And extinguishing will now be the only wayTo diminish your sins
This vortex can´t be filled up again
A hole in space and time"
"Do you cry to the heaven´s high
When you´re confined in here?
Do you not ever wonder why
These leaden tears will never dry?
They´ll leave behind so many shadows in my mind"
(Beyond Belief)
"All that youve taken from others
Will be taken from you
All that your dissonance smothers
Will then come back to you
Whatever happens tomorrow, and whatever you do
Just keep in mind that the source and end is you"
(Another Me)

"Quaestio nostra est aeterna
Ultima requies fons vitae
Sed nos eam novam existimemus"
(Indigo)
"It’s the truth between his cunning lies
That hands him his suspicious alibis
Persuading with your forms will never be the way to our destiny"
(Safeguard To Paradise)
"Who possesses your time,
also possesses your mind"
(The Divine Conspiracy)
"Human power
Will devour
Our senses
Bring us to forget
Human sources will not save
him now
the power of faith
Heals us all"
"Hope is a desert running dry
Deep inside
You refuse to face the facts
But pray for life
Find salvation in distress
We will wait
For the day you'll break out and
Re-awake
And we wait for the day
To discover there's no way
I can't wait at this rate
It's too little and too late
To live this lie"
"Living a lie"
(Living A Lie)

martes, 13 de mayo de 2008

"Libera me", responsorio del OFFICIUM DEFUCTORUM


"Ab omni malo, libera nos, Domine. Ab omni pecato, libera.
Ab ira tua, libera. A subitanea et improvisa morte, libera.
Ab insidiis diaboli, libera. Ab ira, et odio, et omni mala voluntate, libera.
A morte perpetua, libera.
Libera me, Domine. de morte aeterna in die illa tremenda
quando caeli movendi sunt et terra
dum veneris judicare saeculum per ignem."

lunes, 12 de mayo de 2008

Carlos Ruiz Zafón, Marina


"...Una tarde, a finales de septiemre de 1979, decidí aventurarme por azar en una de aquellas avenidas sembradas de palacetes modernistas en la que no había reparado hasta entonces. La calle describía una curva que terminaba en una verja igual que muchas otras.Má allá se extendían los restos de un viejo jardín marcado por décadas de abandono. Entre la vegetación se apreciaba la silueta de una vivienda de dos pisos. Su sombría fachada se erguía tras una fuente con esculturas que el tiempo había vestido de musgo.
Empezaba a oscurecer y aqel rincón se me antojó un tanto siniestro. Rodeado por un silencio mortal, únicamente la brisa susurraba una advertencia sin palabras. Comprendí que me había metido en una de las zonas "muertas" del barrio. Decidí que lo mejor era regresar sobre mis pasos y volver al internado. Estaba debatiéndome entre la fascinación morbosa hacia aquel lugar olvidado y el sentido común cuando advertí dos brillantes ojos amarillosbencendidos en la penumbra, clavados en mí como dagas. Tragué saliva.
El pelaje gris y aterciopelado de un gato se recortaba inmóvil frente a la verja del caserón. Un pequeño gorrión agonizaba entre sus fauces. Un cascabel plateado pendía del cuello del felino. Su miada me estudió durante unos segundos. Poco después se dio media vuelta y se deslizó entre los barrotes de metal. Lo vi perderse en la inmensidad de aquel edén maldito portando al gorrión en su último viaje.
La visión de aquella pequeña fiera altiva y desafisnte me cautivó. A juzgar por su lustroso pelaje y su cascabel, intuí que tenía dueño. Tal vez aquel edificio albergaba algo más que los fantasmas de una Barcelona desaparecida. Me acerqué y posé las manos sobre los barrotes de la entrada. El metal estaba frío. Las últimas luces del crepúsculo encendían el rastro que las gotas de sangre del gorrión habían dejado a través de aquella selva. Tragué saliva otra vez. Mejor dicho, lo intenté. Tenía la boca seca. El pulso, como si supiese algo que yo ignoraba, me latía en las sienes con fuerza. Fue entonces cuando sentí ceder bajo mi peso la puerta y comprendí que estaba abierta.
Cuando di el primer paso hacia el interior, la luna iluminaba el rostro pálido de los ángeles de piedra de la fuente. Me observaban. Los pies se me habían clavado en el suelo. Esperaba que aquellos seres saltasen de sus pedestales y se transformasen en demonios armados de garras lobunas y lenguas de serpiente. No sucedió nada de eso. Respiré profundamente, considerando la posibilidad de anular mi imaginación o, mejor aún, abandonar mi tímida exploración de aquella propiedad. Una vez más, alguien decidió por mí. Un sonido celestial invadió las sombras del jardín igual que un perfume. Escuché los perfiles de aquel susurro cincelar un aria acompañada al piano. Era la voz más hermosa que jamás había oído..."