viernes, 24 de diciembre de 2010

Ariën, mi gato holandés


Le gusta:
Jugar con...
las gomas de borrar
los cables
mis apuntes de biología
su rata de peluche
la bolita con cascabel...
la música de mi blog le calma
perseguirme por toda la casa cuando no le hago caso y luego huir de mí cuando le hago caso
maullar delante de una puerta para que se la abras y luego no entrar en el cuarto
los zapatos (sólo uno de cada par, el otro no le interesa)
meterse en el transportín constantemente, salvo cuando tiene que ir al veterinario
la tele
las teclas del ordenador
el microondas
el cristal opaco
loa manta de mi madre

el sillón de mi padre
los huecos de debajo de las camas

No le gusta:
que le peinen
que se le despierte
que le enciendas la luz (se queda medio ciego por unos minutos)
que aparezcas de la nada y se choque contigo
¡El parqué resbala!
caerse en el cuenco del agua (ya ha pasado dos veces en menos de una semana)
que le limpien el cajón sanitario
que el cajón sanitario esté sucio
Ese gato que aparece en el reflejo de la ventana
que se le vacile con sus juguetes (te mira con cara de odio)






miércoles, 8 de diciembre de 2010

Kamelot, fragmento de Memento Mori

"Who wants to separate
The world we know from our beliefs
And who sees only black and white
Distinguish loss from sacrifice
Some day we may come to peace
With the world within ourselfes
And i will await you
Until i close my eyes..."

martes, 30 de noviembre de 2010

F.G.Lorca, La Casa De Bernarda Alba


Bernarda: "Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A otra hija) ¡Acallar he dicho! (a otra hija) ¡Las lágrimas cuando estés sola! ¡ Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? Silencio, silencio he dicho. ¿Silencio!"

viernes, 19 de noviembre de 2010

Oomph!, Sandmann



Armes Deutschland,
kannst du deine Kinder sehen,
Wie sie vor dem Abgrund Schlange stehen.

Krankes Deutschland,
kannst du ihre Angst verstehen,
wenn sie schlafen gehen.

La Le Lu,
nur der Mann im Mond schaut zu,
wenn die armen Kinder schlafen,
drum schlaf auch du.

La Le Lu,
und das kleine Herz friert zu,
wenn die andren Kinder fragen:
Wie viel hast du?

Sandmann, Sandmann,
mach die Lichter aus,
die Wahrheit ist grausam,
drum schenk mir einen Traum.

Sandmann, Sandmann,
komm zu mir nach Haus,
streu mir Sand in meine Augen
Und weck mich nie wieder auf

Armes Deutschland
Kannst du deine Kinder sehen
Wie sie langsam vor die Hunde gehen

Reiches Deutschland
Wann wird dir der Spaß vergehen
Wann wirst du verstehen?

La Le Lu,
nur der Mann im Mond schaut zu,
wenn die armen Kinder schlafen,
drum schlaf auch du.

La Le Lu,
und das kleine Herz friert zu,
wenn die andren Kinder fragen:
Wie viel hast du?

Sandmann, Sandmann,
mach die Lichter aus,
die Wahrheit ist grausam,
drum schenk mir einen Traum.

Sandmann, Sandmann,
komm zu mir nach Haus,
streu mir Sand in meine Augen
Und weck mich nie wieder auf

Trocken Brot macht Wangen rot
Der Junge lebt in großer not
Er schrie sich schon die Lunge wund
Der Hunger brennt im Kindermund

Trocken Brot macht Wangen rot
Doch Jeder sitzt im eigenen Boot
Ich zeig dir jetzt was Wohlstand ist
Im Land das seine Brut vergisst

Sandmann, Sandmann,
mach die Lichter aus,
die Wahrheit ist grausam,
drum schenk mir einen Traum.

Sandmann, Sandmann,
komm zu mir nach Haus,
streu mir Sand in meine Augen
Und weck mich nie wieder auf

martes, 2 de noviembre de 2010

Alice Sebold, Casi la Luna


En un día malo
-¿Estás bien, mamá?
-Es un mal día, Helen.
atropellaron a Billy Murdoch delante de mi casa. Yo estaba en el instituto. Mi padre había pasado la noche anterior fuera de casa. "Un viaje de negocios a Scraton", nos había dicho. Fue como si todos los vecinos de aquel corto tramo de calle hubieran decidido salir aquella tarde. Sin embargo, y más importante que cualquier otra cosa, era un mal día.
La tarde que Billy Murdoch fue atropellado, mi madre se había organizado el tiempo como hacía siempre en los días malos, llenando las horas como tareas domésticas para intentar mantenerse ocupada, para intentar no sentarse en el sofá, ni a la mesa de la cocina y sucumbir a ello. Era como si limpiando, lavando y ordenando pudiera contener el horror lo justo para respirar.

miércoles, 13 de octubre de 2010

The Cranberries, Zombie


Another head hangs lowly
Child is slowly taken

And the violence caused such silence
Who are we mistaken
But you see, it´s not me

It´s not my family
In your head,

In your head
they are fighting

With their tanks and their bombs

And their bombs and their guns
In your head,

In your head they are cryin´


In your head, in your head
Zombie, zombie, zombie

What´s in your head, in your head

Zombie, zombie, zombie
Ooh...

Another mother´s breakin´

Heart is taking over

When the violence causes silence

We must be mistaken
It´s the same old theme since 1916

In your head
In your head
They´re still fighting

With their tanks and their bombs
And their bombs and their guns
In your head,

In your head they are dyin´
Enlace

In your head, in your head

Zombie, zombie, zombie

What´s in your head, in your head

Zombie, zombie, zombie
Oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh, eeooo, ay-ay-oh.

http://www.youtube.com/watch?v=6Ejga4kJUts

lunes, 4 de octubre de 2010

Antología del disparate, Luis Díez Jiménez

-El celibato se transmite de padres a hijos
-Vacunas: sirven para inhumanizar
-La tierra: es redonda pero aplanada por las esquinas
-Cervantes: era manco de la pierna izquierda
-Coleccionistas de sellos: sifilíticos
-El Ecuador: no es un país, sino una línea imaginaria
-Pintores barrocos: Quevedo y Becquer-Rictus: sonrisa agradable
-Pío Baroja: era un escritor muy pío
-El Endemoniado: Se le presentó un endemoniado s
ordo y mudo y le dijo: ¿Puedes curarme?
-"Cuando no haya ricos ni pobres no habrá enfermedades"
-La Célula puede ser unicelular o pluricelular
-Cógito ergo sum: Le cogí lo suyo
-Habitantes de Moscú: Mosquitos-Alfonso X, "el sabio" escribió las Valquirias
-Animales polares: La osa mayor y la menor
-Monólogo: diálogo de un mono
-Becquer: Murió a los dieciocho años y se casó a los treinta y cuatro
-los romanos hicieron grandes oleoductos, como el de Segovia
-el aparato respiratori sirve para serpirar y para que
vivamos en ocasiones
-Al fin David pudo circuncidar a Goliat
-El absolutismo se basaba en la política ilustrada-La tierra se mueve, especialmente si se viaja en av
ión

Dentro de poco tendré un gato ^o^

sábado, 25 de septiembre de 2010

¿Por qué siempre acabo huyendo de lo que quiero? Aunque me haya decidido de antemano, doy la vuelta al casi llegaar a mi destino. ¿Tanto miedo tengo a cambiar? ¿Entonces por qué quiero cambiar? Hay tantas cosas de las que me aarrepiento de no haber hecho...

Sobre todo las cosas que no he hecho por vergüenza. Hace más
de un año cuando estaba en el coro del colegio, por ejemplo, no fui a una de las actuaciones. El coro sonaba muy mal (al menos la parte de las sopranos) y si hubiese ido me habría sentido como si tuviese un cartel en la frente el que pusiese:" ¡Mirad! ¡Canto fatal y estoy orgullosa de ello!"
Pero no me arrepiento de no haber ido, salvo por haber dejado a una amiga sola con las que desafinaban

Pero ayer definitivamente caí muy bajo. En el coro me pidió el director que hiciese el solo de una canción y yo me negué. Si me da vergüenza cantar delante de su mujer, que es mi profesora de canto, cómo no me va a dar vergüenza cantar delante de veinte personas. Me negué y ahora hace el solo una niña de trece años (emo, p
or cierto ¬¬) que no llega al segundo re, cuando a mí no me cuesta nada. Sí, soy imbécil y he logrado que no me vuelvan a pedir hacer un solo. Y se supone que quiero vivir de la música.

martes, 14 de septiembre de 2010

Oomph!, 6 Fuss Tiefer


Jede Nacht genau der selbe Traum
Mich umgibt ein kalter schwarzer Raum
Jeder tiefe Atemzug fällt schwer
Bin am schrein, doch du hörst mich nicht mehr
Such mich tief im Abgrund deines Traums
Ich liege 6 Fuß tiefer
Such mich tief im Abgrund deines Traums
Du musst noch 6 Fuß tiefer
Jedes Mal genau das selbe Spiel
Du suchst mich, doch ich bin längst am Ziel
Erde rieselt leicht auf mein Gesicht
Hör mein Herz, doch scheinbar schlägt es nicht
Such mich tief im Abgrund deines Traums
Ich liege 6 Fuß tiefer
Such mich tief im Abgrund deines Traums
Du musst noch 6 Fuß tiefer
Drum nimm die Schaufel, denn sie füht dich zu mir
Du musst noch tiefer, denn ich erwarte dich hier
Grab deinen Tunnel, denn er brint dich ans Ziel
Am Ende wartet die Freiheit
Such mich tief im Abgrund deines Traums
Ich liege 6 Fuß tiefer
Such mich tief im Abgrund deines Traums
Du musst noch 6 Fuß tiefer
Such mich tief im Abgrund deines Traums
Ich liege 6 Fuß tiefer
Such mich tief im Abgrund deines Traums
Du musst noch 6 Fuß tiefer

sábado, 11 de septiembre de 2010

Oomph!

Oomph, un grupo alemán que no veré nunca en directo. ¿Por qué? Porque cuando fui a Alemania nos enteramos de que dos semanas antes habían tocado en Erfurt.
Y a España nunca vienen porque les odian. No tiene sentido, les odian porque creen que son una copia de Rammstein. Pero Rammstein copió a Oomph.
OOMPH! es una banda de metal industrial, formada en el año 1989 por Dero Goi, Andreas Crap y Robert Flux en Wolfsburgo, Alemania.

Rammstein es una banda alemana formada en 1994 por los músicos Till Lindemann, Richard Kruspe, Oliver Riedel, Paul Landers, Christian Lorenz y Christoph Schneider.

Y de todas formas es cierto que al principio se parecían más, pero los dos grupos han ido evolucionando a medida que pasaba el tiempo.

Creo que lo que más me gusta de este grupo (aparte de la voz del can
tante) son las letras. Como el cantante, que es el compositor, es psicólogo... o juegan con canciones infantiles, o con juegos...
Dejo algunas canciones que más me gustan.

www.youtube.com/watch?v=5FqgsBlQQZE Augen Auf
www.youtube.com/watch?v=YClJQBq4qpU Labyrinth
http://www.youtube.com/watch?v=bLJhmnI5Ez0&feature=related Sandmann
http://www.youtube.com/watch?v=bC5gMwlqjFQ&feature=related Lass mich raus

No he buscado traducciones porque todas las traducciones que hay por internet son horribles. Pero si alguien quiere la traducción de alguna canción me la podeis pedir.

martes, 7 de septiembre de 2010

Harta del colegio


¿Cómo puede ser que en sólo cuatro días ya esté harta de ir a clase? Estoy harta de estar en clase y no entender nada, en el metro y en el bús no puedo leer lo que quiera porque tengo que leer libros para clase (sí, ya nos han mandado cosas para leer ¬¬), al llegar a casa no puedo descansar y relajarme porque tengo que hacer millones de deberes que ni sigquiera sé hacer - no sé por qué, pero había un ejercico de matemáticas que he hecho unas cinco veces y cada vez me salían otros resultados, a pesar de estar haciéndolos con calculadora-. Y no sólo eso, tengo que aprenderme cada día como mínimo 15 palabras en latín, repasar lo que hicimos en clase, tocar el violín, aprenderme las partituras de canto... Y acaba de empezar el curso.
Quiero dormir y descansar

viernes, 27 de agosto de 2010

It, Stephen King

"...Y fue entonces cuando una voz, una voz razonable y bastante simpática, le habló dentro de la boca de tormenta:
-Hola, George.
Geroge parpadeó y volvió a mirar. Apenas daba crédito a lo que eía; era algo sacado de un cuento o de una película donde uno sabe que los animales hablan y cantan. Si hubiera tenido diez años más, no habría creído en lo que estaba iendo, pero no tenía dieciséis años, sino seis.
En la boca de la tormenta había un payaso. La luz era sufiente para que George Denbrough estuviese seguro de lo que veía. Era un payaso, como en el circo o en la tele
. (...)
El payaso sostenía en la mano un manojo de globos de colores, como tentadora fruta madura. En la otra, el barquito de papelde George.
-¿Quieres tu barquito, Georgie?-El payaso sonreía.
George también sonrió, sin poder evitarlo.
-Sí, lo quiero.
El payaso se echó a reír.
-¡Así me gusta! ¿Y un globo? ¿Quieres un globo?
-Bueno...sí, por supuesto. -Alargó la mano, pero de inmediato la retiró-.No debo coger nada que me ofrezca un desconocido. Lo dice mi papá.
-Y tu papá tine mucha razón-replicó el payaso sonriendo (...)-. Muchísima razón, ya lo creo. Por lo tanto, voy a presentarme. George, soy el señor Bob Gray, también conocido como Pennywise el Payaso. Pennywise, te presento a George Denbrough. George, te presento a Pennywise. Ahora ya nos conocemos. Yo no soy un desconocido y tú tampoco. ¿correcto?

jueves, 5 de agosto de 2010

Granito Rock 2010

Este año he vuelto a ir al granito rock.
Como cada vez iba más gente han cambiado de sitio. Ahora le ruido les molesta más a los vecinos, pero se está mucho más cómodo, puedes sentarte en el suelo durante los tres primeros conciertos de cada día (o incluso en los cuatro primeros) sin que te pisen.
A pesar de haber estado dos días en la plaza (desde las 8 de la tarde hasta las 3 de la madrugada) sólo ví dos conciertos.
¿Y por qué? Porque los demás grupos no merecían la pena.
Día 24:
el primer y el tercer grupo no nos llamaron la atención para nada
y qué decir del segundo grupo...Digamos que la cantante no sabe ni hablar sin soltar unos gallos tremendos (literalmente). No tenía técnica alguna, oído ni sentido de la música.
El cuarto grupo no estaba tan mal, sonaba bien, pero no es el tipo de musica que a mi me gusta.
Y el último grupo... WARCRY

Realmente no me apetecía verles, pero nos metimos en segunda y terera fila.
Pensé que me aburriría en su concierto, pero nunca antes había salido afónica de un concierto. Y no me arrepiento.
Les había visto antes en directo, hace cuatro años en cuenca, pero esa vez no me gustaron tanto.
Esta vez nos emocionamos todos con cada canción que tocaron. Casi lloramos con Ulises y Contra el Viento. Es el mejor concierto al que he ido.


Día 25:

Nada más despertarnos pasó una procesión de Santiago debajo de nuestra ventana.


El primer grupo llevaba un violín y una flauta travesera. Aparte de eso no llamaron nuestra atención.
El segundo y el tercer grupo tampoco tenían nada de especial, salvo que el tercero estaba compuesto por heavys pijos (sí, yo tampoco pensé que eso fuese posible).
Una amiga quería ver a SanTelmo, así que entramos en el concierto. No sonaban mal, pero tampoco hacen el tipo de música que me gusta. Pero el cantante era muy majo.


Kuka y yo nos salimos antes de que empezase el concierto de Mägo. No nos gusta a ninguna de las dos y no nos apetecía que nos aplastasen por estar casi en primera fila. Los instrumentos sonaron bien (¿he de recordar a la gente que el batería no toca él?), pero el cantante dejó mucho que desear. No se sabía las letras y no hizo nada por disimularlo. simplemente se callaba. Sólo tocaron las canciones más famosas, es decir, de los últimos discos.

Aparte de eso vi a mucha gente que hacía tiempo que no veía ^o^

domingo, 18 de julio de 2010

Viona-Art




http://www.viona-art.com/

martes, 6 de julio de 2010

Oscar Wilde, The Picture Of Dorian Gray


"After ther perfomance I went behind and spoke to her. As we were sitting together, suddenly there came into her eyes a look that I had never seen there before. My lips moved towards her. We kissed each other. Ican't describe to you what I felt at that moment. It seemed to me that all my life had been narrowde to one perfect point of rose-coloured joy. She trembled all over, and shook like a white narcissus. Then she flung herself on her knees and kisssed my hands. I feel that I should not tell you all this, but I can't help it. Of course our engagement is a dead secret. She has not even told her own mother. I don´t know what my guardians will say. Lord Radley is sure to be furious. I don't care. I shall be of age in less than a year, and then I can do what I like. I have been roght, Basil, haven't I, to take my love out of poetry, and to find my wife in Shakespeare's plays? Lips that Shakespeare taught to speak have whispered their secret in my ear. I have had the arms of Rosalind around me, and kissed Juliet on the mouth."

lunes, 5 de julio de 2010

Anja Harteros



Definitivamente quiero ser como ella.
Es una soprano alemana increible.
En el viaje a Berlín fuimos a ver la ópera de Verdi, Otelo. Tenía miedo de que no me fuese a gustar, pero ahí estaba ella en el papel de Desdémona.
http://www.youtube.com/watch?v=5wfa5iJlRsg&feature=related
Esta es una de las canciones de la ópera junto a algunas imágenes.

jueves, 1 de julio de 2010

Cielo Latini, Abzurdah

Una nena que creció leyendo Bécquer, mientras sus compañeras jugaban a ver quién se pintaba los labios del color más lindo, no es normal. Y nunca invité a una amiga a mi casa. Nunca, nunca, nunca. Nunca me llamaron por teléfono (quizá de ahí venga mi casi fobia telefónica). Pero no exagero. Creo que ni yo me sabía mi teléfono de memoria. Bueno, era rara, atrozmente rara.No solamente porque no tenía los mismos hábitos que todas las demás, sino porque era bastante acomplejada gracias a (creía yo) mis viejos y mis compañeros del colegio.
Dos ejemplos rapidísimos:
1 Verónica. ¡Cómo olvidarte! En algún momento pensé que era mi amiga. Resultó ser una imbécil, como todas. Y además, protagonista de uno de los peores recuerdos del maldito primer colegio al que fui. Ella, delgada y morena. Yo, casi obesa y blanca como los dientes de mi gato.
Una profesora nos pidió que alguien le alcanzase, por favor, la guitarra que estaba detrás de un mostrador de madera. Para acceder a la guitarra había que pasar por un estrecho (bueno, no tan estrecho) espacio entre paared y mostrador. Yo, voluntariosa y alumna predilecta, me levanté para hacerlo y sucedió lo obvio: no pasé. Era un tanqque, admitámoslo. Verónica-morocha, graciosa, con una sonrisa resplandeciente- se acercó dando saltitos al cántico de :"Yo voy a Slim, voy a Slim. Yo voy a Slim, voy a Slim."
¿Qué más puedo agregar? Verónica alcanzó la guitarra y yo me puse colorada. Y a llorar, supongo. (...)
2. (...) Después todos se fueron a trepar árboles. Peligro: no sé trepar árboles. Es decri, sí sé, pero nunca me animaba. Tenía la idea de que el árbol no iba a poder soportar mi peso. Y de hecho, sentía que las ramas de derretían debajo de mí. Es por eso que ptra vez, mientras todos subían a los árboles y jugaban a ver quién llegaba más alto, yo quedaba fuera. Abajo. con las hormigas. Y los seres humanos arriba.
El tema es que después se cansaron de trepar y cominamos todos juntos por entre los árboles. Me sentía bien. Todos estábamos abajo. de repente, Enrique no tuvo mejor idea que hacer5 un comentario filoso. ¿ya les dije que me gustaba Enrique? (...) Enrique me miró y me dijo: " Y pensar que cuando éramos chicos eras la más linda. Eras hermosa.'¡Cómo cambia la gente! ¿No?"
No recuerdo mucho acerca de ese colegio ni de sus integrantes; pero cuando mucho después me preguntaban por qué era anoréxica y no me creían que había sido gorda, yo pensaba para mis adentros: "Ja, pregúntenle a Verónica o a Enrique"

martes, 15 de junio de 2010

Stephen King, Duma Key

Cómo dibujar un cuadro (II)

Recuerda que la verdad está en los detalles. Sin importar cómo veas el mundo o el estilo que impongas a tu obra como artista, la verda está en los detalles. Naturalmente, el diablo también se encuentra ahí (todo el mundo dice eso), pero quizá verdad y diablo seaan palabras que expresan la misma cosa . Podría ser, ¿sabes?
Imagina de nuevo a aquella chiquitina, la que cayó del carruaje. se golpeó el lado derecho de la cabeza, pero fue la parte izquierda del cerebro la que sufrió las peores consecuencias.; el contragolpe, ¿recuerdas? En ese lado es donde se encuentra el área de Broca, claro que no es algo que se conociera en novecientos veintitantos. El área de Broca procesa el lenguaje. Pégale un puñetazo lo suficientemente fuerte y perderás tu facultad de hablar, a veces sólo momentaneamente, a veces para siempre. Pero, aunque estrechamente relacionadas, decir no es lo mismo que ver.
La niñita todavía ve.
Ve a sus cinco hermanas. Sus vestidos. Su pelo alborotado por el viento cuando lled
an del exterior. Ve el bigote de su padre, ahora lleno de hebras grises. Ve a Nana Melda, no sólo el ama de llaves, sino lo más cercano a una madre que esta niña pequeña conoce. Ve el pañuelo que Nanny se pone en la cabeza para limpiar; ve el nudo delantero, justo sobre la gran frente marrón de nana Melda, y ve cómo titilan como estrellas bajo la luz del sol que se derrama a través de las ventanas.
detalles, detalles, la verdad está en los detalles.
¿Ylo que se ve no pide a gritos ser dicho, incluso en una mente dañada? ¿Un cerebro herido? Oh, seguro que ssí, seguro que sí.
Ella piensa:
Me duele la cabeza.
Ella piensa: Algo malo ha pasado, y no sé quién soy. O dónde estoy. O lo que todas estas imágenes brillantes a mi alrededor son.
Ella piensa: ¿Libbit? ¿Me llamo Libbit? Antes lo sabía. Podía hablar en el antes-lo-sabía , pero ahora mis palabras son como peces en el agua, Quiero al hombre con el pelo en el labio.
Ella piensa: Ese es mi papi, pero cuando trato de decir su nombre, le llamo "¡Jaro! ¡Jaro!", porque uno pasa volando por mi ventana. Veo cada una de sus plumas. Veo su ojo como de cristal. Veo su pata, que se dobla como si estuviera rota, y esa palabras es tocida. me duele la cabeza.
Entran unas chicas. Entran Maria y Hannah. Ellas no le gustan, pero
le gustan las gemelas, pequeñas como ella.
Ella piensa:
Llamaba a María y Hannah las Malas Malosas en el antes-lo-sabía, y se da cuenta de que lo vuelve a saber. Es otra cosa que regresa. El nombre para otro detalle. Lo olvidará otra vez, pero la próxima vez que lo recuerde, lo recordará por más tiempo. Estácasi segura de ello.
Ella piensa:
Cuando intento decir Hannah, digo "¡Jaro! ¡Jaro!". Cuando trato de decir Maria digo "¡Mea! ¡Mea!". Y ellas se ríen, esas malvadas. Lloro. Quiero a mi papá y no puedo recordar cómo se dice; esa palabra se ha vuelto a ir. Palabras que son como pájaros, que vuelan y vuelan y vuelan y se alejan. Mis hermanas hablan. Hablan, hablan, hablan. Mi garganta está seca. Intento decri sedienta. Digo:"¡Sexta! ¡Sexta!". Pero ellas sólo se ríen, esas esas malvadas. Tengo un vendaje, huelo el yodo, el sudor, escucho sus risas. Les pego un grito, y grito fuerte, y se van corriendo. llega Nana Melda, que tiene la cabeza roja porque su pelo está envuelto por el pañuelo. Sus cosas redondas brillan y brillan bajo el sol, son lo que tú llamas pulseras. Digo "¡Sexta! ¡Sexta!" y Nana Melda no comprende. Así que entonces digo "¡Aca! ¡Aca!" y Nana me lleva a hacer caquita aunque no tengo ganas de hacer caquita. Esrtoy sentada en el orinal y veo y señalo "¡Aca! ¡Aca!" Llega papá " ¿A qué se deben estos gritos?", dice con toda la cara llena de burbujas blancas menos una parte que está suave. Ahí es donde raspó esa cosa para quitarse el pelo. Me ve señalar. Lo comprende. "A que tiene sed." Llena el vaso con agua. La habitación está llena de soleado. El polvo flota en lo soleado, y su mano pasa por lo soleado con el vaso de agua, y a eso lo llamarías hermoso. Lo bebo todo. Después lloro, pero porque estoy mejor. Él me besa me besa me besa, me abraza me abraza me abraza, y trato de decirle: "'¡ Papi!", pero no puedo todavía. Entonces me pongo a pensar de refilón en su nombre, y aparece John un" ¡Papi!" escapa de mi boca y él me abraza me abraza más y más.
Ella piensa: Papi es mi primera palabramen este lado de la cosa mala.
La verdad está en los detalles.

sábado, 12 de junio de 2010

Stephen King, Duma Key

Cómo dibujar un cuadro (I)

Comienza con una superficie en blanco. No ha de ser un papel o un lienzo, aunque tengo la sensación de que debería ser blanco. Lo llamamos blanco porque necesitamos una palabra, pero su verdadero nombre es nada. Negro es la ausencia de luz, pero blanco es la ausencia de memoria, el color del no poder recordar.
¿Cómo nos acordamos de cómo recordar? Esa es una cuestión que a menudo me he planteado desde mi época en Duma Key, a menudo en las horas previas al amanecer, mirando la ausencia de luz, recordando a los amigos ausentes. A veces en aquellas cortas horas pienso en el horizonte. Tienes que establecer el horizonte. Tienes que trazar una marca en el blanco. Un acto bastante simple, podrías decir, pero cualquier acto que rehace el mundo es heroic
o. O así lo había llegado a creer.
Imagina a una niñita, apenas mayor que un bebé. Se cayó de un carruaje casi noventa años atrás, se golpeó la cabeza contra una roca, y lo ol
vidó todo. No sólo su nombre, ¡todo! Y entonces un día recobró justo lo suficiente para coger un lápiz y trazar aquella primera marca vacilante a través del blanco. Una línea del horizonte, seguro. Pero también una grita por la que verter la negrura.
Aún más, imagina aquella peque
ña mano levatando el lápiz... dudando... y luego trazando una marca en el blanco. Imagina el coraje de aquel primer esfuerzo para restablecer el mundo mediante la acción de pintarlo. Siempre amaré a esa niñita, a pesar de todo lo que ella me ha costado. Debo amarla. No tengo elección.
Los dibujos son mágicos, como bien sabes.

jueves, 3 de junio de 2010

Berlín!!!!

Museo de Pérgamo.
Al fin llegan los esperados ocho días: ¡¡Mañana me voy a Berlín!!Llevamos tres meses contando los días que faltaban. Y ahora empieza a darme miedo la idea de irme.

martes, 1 de junio de 2010

3 Días para Berlín!!


Sólo quedan tres días para irme a Berlín con mi curso!!

domingo, 30 de mayo de 2010

Lena Meyer


http://www.youtube.com/watch?v=bRzdBzwxFfk

¡Al fin una de mis nacionalidades gana en eurovisión!
Es la primera vez que estoy de acuerdo con el ganador de eurovisión, sobre todo si las otras posibilidades eran Turquía con una copia cutre de Tokio Hotel (si Tokio Hotel ya es cutre una copia de ellos...) o Dinamarca, con un dúo formado por dos famosos, claramente unidos sólo para ganar (con una canción bastante fea)
En cambio, la canción de Lena me parecía distinta a las demás. Y su voz es especial. No me parece nada mal que ganasen. También me alegro porque alemania siempre queda entre los peores.
La verdad es que esta gala de eurovisión ha estado bien. No había ninguna canción ridícula ( o al menos notan ridícula como otros años) y, salvo Dinamarca y algún que otro país, me parecía que todos los participantes estaban disfrutando de participar.

Pensé quela actuación de España no me gustaría, como siempre, pero la estética me parecía muy especial, me gustaba que el cantante no estacase, sino que los bailarines, la segunda voz y él formasen un conjunto.

P.D: odio que digan los nombres de los concursantes en inglés. La alemana se llama Lena, no Lina. Los alemanes no pronuncian la "e" como una "i". Sé que es una tontería, pero me molesta.
P.D: ¡España ha quedado mejor que en los últimos dos años por lo menos!

lunes, 24 de mayo de 2010

L. Frank Baum, The Wonderful Wizard of Oz


There were many people-men, women, and children- walking about, and these were all dressed in green clothes and had greenish skins. They looked at Dorothy and her strangely assorted company with wondering eyes, and the children all ran and hid behind their mothers when they saw the Lion; but no one spoke to them. Many shops stood in the street, and Dorothy saw that everything in them was green. Green candy and green pop corn were offered for sale, as well as green shoes, green hats, and green clothes of all sorts. At one place a man was selling green lemonade, and when the children bought it Dorothy could see that they paid for it with green pennies.

jueves, 20 de mayo de 2010

Betty Smith, Un Árbol crece en Brooklyn

"-Te llevaré deviaje. Tú y yo solitos, Prima Donna. Iremos al Sur, donde florecen los copos de algodón.-Le encantó laa frase y repitió-: Donde florecen los copos de algodón.
Era una canción que él conocía. Con las manos en los bolsillos silbó y ejecutó un paso de vals imitando a Pat Rooney:

Un campo blanco como la nieve,
escucha el suave canto de los negros.
Ansío estar allí,
porque alguien me espera,
donde florecen los copos de algodón.

Francie le besó con ternura en la mejilla y murmuró:
-Oh, papá. Te quiero tanto.
Él la estrechó contra su pecho. Sentía remordimiento. "¡Oh, Diós mío!- se repetía con una angustia casi intolerable-. ¿Menudo padre soy!" Se recobró, y cuando volvió a dirigirse a su hija habló con bastante calma:
-Con tanta charla no vas a terminar de planchar el delantal.

miércoles, 19 de mayo de 2010


Después de haber hecho la lista de los libros que he leído hasta ahora me he dado cuenta de que apenas he leído, y los libros son, en su mayoría, libros de unas 200 páginas de media.

Hace tiempo que no escribo ninguna historia. Últimamente ronda una por mi cabeza, pero no acaba de convencerme, así que no sé si algún día publicaré algún borrador.
Creo que mi inspiración se fue con mi profesor de lengua. Él siempre nos animaba a escribir, siempre me decía que escribo bien. No es como mi profesora de lengua de ahora. Creo que pretende dejarnos sin imaginación. Al menos nos deja sin ganas de escribir después de hacer los deberes de páginas y páginas que nos manda cada día.

Quiero volver a escribir.

martes, 18 de mayo de 2010

J. W. von Goethe, Die Leiden Des Jungen Werther (II)


"Gib ihm die Pistolen.- Ich lasse ihm glückliche Reise wünschen, sagte er zum Jungen.- Das fiel auf sie wie ein Donnerschlag, sie schwangte aufzustehen, sie wusste nicht, wie ihr geschah. Langsam ging sie nach der Wand, zitternd nahm sie das Gewehr herunter, putzte den Staub ab und zauderte und hätte noch lange gezögert, wenn nicht Albert durch einen fragenden Blick sie gedrängt hätte. sien gab dasunglückliche Werkzeug dem Knaben, ohne ein Wort vorbringen zu können, und als der zum Hause hinaus war, machte sie ihre Arbeit zusammen, ging in ihr Zimmer, in dem Zustande der unaussprechlichsten Ungewissheit."

"Sind sie durch Deine Hände gegangen, Du hast den Staub davon geputzt, ich küsse sie tausendmal, Du hast sie berührt:und Du, Geist des Himmels, begünstigst meinen Entschluss! Und Du, Lotte, reichts mir das Werkzeug, Du, von deren Hände ich den Tod zu empfangen wünschte, und ach, nun empfange. (...) Du zittertest, als Du sie ihm reichtest, Du sagtest kein Lebwohl!-Solltest Du Dein Herz fúr mich verschlossen haben, um des Augenblicks willen, der mich ewig an Dich befestigte?"

miércoles, 12 de mayo de 2010

J. W. von Goethe, Die Leiden Des Jungen Werther


"Sie ist immer um ihre sterbende freundin und ist immer dieselbe, immer das gegenwärtige, holde Geschöpf, das, wo sie hingeht, Schmerzen lindert und Glückliche macht. Sie ging gestern abend mit Marianen und dem Malchen spazieren, ich wuste es und traf sie an, und wir gingen zusammen. Nach einem Wege von anderthalb Stunden kamen wir gegen die Stadt zurück, an den Brunnen, der mir so wert und nun tausendmal werter ist. Lotte setzte sich aufs Mäuerchen, wir standen vor ihr. Ich sah umher, ach, und die Zeit, da mein Herz so allein war, lebte wieder vor mir auf.-Lieber Brunnen, sagte ich, seither hab´ ich nicht mehr an deiner Kühle geruht, hab´ in eilendem Vorübergehn dich manchmsl nicht angesehen.-"


Podría escribir por lo menos una frase de cada página. Me encanta Goethe.

lunes, 10 de mayo de 2010

Nel Cor Più Non Mi Sento


Nel cor più non mi sento
Brillar la gioventù;
Cagion del mio tormento,
Amor sei colpa tu.

Mi pizichi, mi stuzichi,
Mi pungichi, mi mastichi;
Che cosa è questo ahi mè?
Pieta, pieta, pieta!
Amore è un certo che...
Che disperar mi fa

http://www.youtube.com/watch?v=Acq3fs0N--o&feature=related


Sigo pensando que mi profesora de canto me sobreestima.

domingo, 2 de mayo de 2010

Invierno


Echo de menos el invierno, caminar entre calles cubiertasde nieve y sentir el frío.
Me encanta llegar a casa y sentir el calor de una taza de té.Y arroparme con kilos y kilos de mantas.
Me gusta llevar diferentes capas de ropa y aún así sentirfrío. Hay menos gente por la calle y la ciudad resplandece con diminutas gotas de hielo.
No me gusta la idea de volver al calor del verano, esa època en la que deseo tener aire acondicionado y una piscina al lado. Odio llevar la mínima ropa posible y aún así tener calor, no me gusta que el sol me queme. En el invierno el sol es bienvenido porque sé que no me va a quemar.

Y lo peor del calor es que siempre enfermo.

domingo, 18 de abril de 2010

Happy Un-Birthday!

" ''It's a cravat, child, and a beautiful one, as you say. It's a present from the White King and Queen. There now! "
"It is really?" said Alice, quite pleased to find that she had chosen a good subject, after all.
"They gave it me," Humpty Dumpty continued troughfully, as he crossed one knee over the other and clasped his hands round it, " they gave it me-for an un-birthday present."
"What is an un-birthday present?"
"A present given when it's not your birthday, of course.""
Lewis Carroll, Alice Through The Looking Glass




Gracias por los regalos ^o^
(El del corazón estaba muy rico)

sábado, 10 de abril de 2010

Marry Me, Emilie Autumn

Marry me, he said, through his rotten teeth, bad breath, and then
Marry me instead of that strapping young goatherd, but when
I was in his bed, and my father had sold me
I knew I hadn't any choice, hushed my voice, did what any girl would do and
When I'm beheaded at least I was wedded
And when I am buried at least I was married
I'll hide my behavior with wine as my savior

But, oh, what beautiful things I'll wear
What beautiful dresses and hair
I'm lucky to share his bed
Especially since I'll soon be dead

Marry me, he said, god, he's ugly, but fortune is ours
Running in the gardens enjoying men, women, and flowers
Then I break a glass and I slit my own innermost thigh
So that I can pretend that I'm menstru...well, unavailable
My life is arranged but this union's deranged
So I'll fuck who I choose for I've nothing to lose
And when master's displeased I'll be down on my knees again

Oh, what beautiful things I'll wear
What beautiful dresses and hair
I'm lucky to share his bed
Especially since I'll soon be dead

When dining on peacock I know I won't swallow
Through balls, births, and bridge games I know what will follow
We're coupled together through hell, hurt, and hunger
Or at least until husband finds someone younger
Yes, fertilization is part of my station
I laugh as he drabs me in anticipation
Of sons who will run things when I'm under covers
But whose children are they? Why, mine and my lover's!

But, oh, what beautiful things I'll wear
What beautiful dresses and hair
I'm lucky to share his bed
Especially since I'll soon be dead
What beautiful things I'll wear
What beautiful dresses and hair
I'm lucky to share his bed
So why do I wish I was...

jueves, 1 de abril de 2010

Broken Dreams


"¿Cómo ha comenzado todo? No lo sé exactamente, simplemente estaba allí, en mi cabeza. La oscuridad. Y las sombras. ¿Cómo pude cambiaar tanto? De alguna forma siempre estuvo allí, acompañándome desde mi más tierna infancia, disfrazada de aquel sentimiento de impotencia. Siempre intenté pensar quee no era culpa mía, sino de aquellos que tan mal me lo hicieron pasar. Sabía que lo que ellos decían era cierto, pero esa verdad dolía tanto que era imposible no oirla.
Al principio no les escuchaba. ¿Para qué, si sólo pretendían herirme y hacerme llorar? Pero ya no podía hacer oídos sordos por siempre. Y en algún momento comencé a escuchar sus crudas palabras.
Comenzaron las comparaciones, la desesperación, el dolor, la impotencia. no, no sé cuándo vino, cuándo decidió instalarse en mi mente, sólo sé que era algo que pasaría en algún momento, aunque nadie pudiese comprenderlo. Yo tampoco podía.
Para cuando me di cuenta no podía mirar a nadie a la cara, no podía vivir en su mismo mundo. Congtemplaba a las personas desde otro mundo. Mis sueños de niña se habían quebrado. ¡Cuánto deseaba volver a ver brillar el sol! Pero yo misma lo había apagado.
¿Y a quién confío mis sentimientos, mis miedos, si nadie me comprende?"

domingo, 28 de marzo de 2010

Lovecraft, Los Amados Muertos (III)

Demasiado bien sabía que, a través de alguna extraña maldición satánica, la muerte era la fuerza motora de mi vida, que había una singularidad en mi constitución que sólo respondía a la espantosa presencia de algún cuerpo sin vida. Pocos días más tarde, frenético por la bestial intoxicación de la que la totalidad de mi existencia dependía, me entrevisté con el único enterrador de Fenham y le pedí que me admitiera como aprendiz.

El golpe causado por la muerte de mi madre había afectado visiblemente a mi padre. Creo que de haber sacado a relucir una idea tan trasnochada como la de mi empleo en otra ocasión, la hubiera rechazado enérgicamente. En cambio, agitó la cabeza aprobadoramente, tras un momento de sobria reflexión. ¡Qué lejos estaba de imaginar que sería el objeto de mi primera lección práctica!

También él murió bruscamente, por culpa de alguna afección cardiaca insospechada hasta el momento. Mi octogenario patrón trató por todos los medios de disuadirme de realizar la inconcebible tarea de embalsamar su cuerpo, sin detectar el fulgor entusiasta de mis ojos cuando finalmente logré que aceptara mi condenable punto de vista. No creo ser capaz de expresar los reprensibles, los desquiciados pensamientos que barrieron en tumultuosas olas de pasión mi desbocado corazón mientras trabajaba sobre aquel cuerpo sin vida.

Amor sin par era la nota clave de esos conceptos, un amor más grande -con mucho- que el que más hubiera sentido hacia él cuando estaba vivo.

Mi padre no era un hombre rico, pero había poseído bastantes bienes mundanos como para ser lo suficientemente independiente. Como su único heredero, me encontré en una especie de paradójica situación. Mi temprana juventud había sido un fracaso total en cuanto a prepararme para el contacto con el mundo moderno; pero la sencilla vida de Fenham, con su cómodo aislamiento, había perdido sabor para mí. Por otra parte, la longevidad de sus habitantes anulaba el único motivo que me había hecho buscar empleo.

La venta de los bienes me proveyó de un medio fácil de asegurarme la salida y me trasladé a Bayboro, una ciudad a unos 50 kilómetros. Aquí, mi año de aprendizaje me resultó sumamente útil. No tuve problemas para lograr una buena colocación como asistente de la Corporación Gresham, una empresa que mantenía las mayores pompas fúnebres de la ciudad. Incluso logré que me permitieran dormir en los establecimientos... porque ya la proximidad de la muerte estaba convirtiéndose en una obsesión.

Me apliqué a mi tarea con celo inusitado. Nada era demasiado horripilante para mi impía sensibilidad, y pronto me convertí en un maestro en mi oficio electo.

Cada cadáver nuevo traído al establecimiento significaba una promesa cumplida de impío regocijo, de irreverentes gratificaciones, una vuelta al arrebatador tumulto de las arterias que transformaba mi hosco trabajo en devota dedicación... aunque cada satisfacción carnal tiene su precio. Llegué a odiar los días que no traían muertos en los que refocilarme, y rogaba a todos los dioses obscenos de los abismos inferiores para que dieran rápida y segura muerte a los residentes de la ciudad.

Llegaron entonces las noches en que una sigilosa figura se deslizaba subrepticiamente por las tenebrosas calles de los suburbios; noches negras como boca de lobo, cuando la luna de la medianoche se oculta tras pesadas nubes bajas. Era una furtiva figura que se camuflaba con los árboles y lanzaba esquivas miradas sobre su espalda; una silueta empeñada en alguna misión maligna. Tras una de esas noches de merodeo, los periódicos matutinos pudieron vocear a su clientela ávida de sensación los detalles de un crimen de pesadilla; columna tras columna de ansioso morbo sobre abominables atrocidades; párrafo tras párrafo de soluciones imposibles, y sospechas contrapuestas y extravagantes.

Con todo, yo sentía una suprema sensación de seguridad, pues ¿quién, por un momento, recelaría que un empleado de pompas fúnebres -donde la Muerte presumiblemente ocupa los asuntos cotidianos- abandonaría sus indescriptibles deberes para arrancar a sangre fría la vida de sus semejantes? Planeaba cada crimen con astucia demoníaca, variando el método de mis asesinatos para que nadie los supusiera obra de un solo par de manos ensangrentadas. El resultado de cada incursión nocturna era una extática hora de placer, pura y perniciosa; un placer siempre aumentado por la posibilidad de que su deliciosa fuente fuera más tarde asignada a mis deleitados cuidados en el curso de mi actividad habitual. De cuando en cuando, ese doble y postrer placer tenía lugar...¡Oh, recuerdo escaso y delicioso!

Durante las largas noches en que buscaba el refugio de mi santuario, era incitado por aquel silencio de mausoleo a idear nuevas e indecibles formas de prodigar mis afectos a los muertos que amaba... ¡los muertos que me daban vida!

Una mañana, el señor Gresham acudió mucho más temprano de lo habitual... llegó para encontrarme tendido sobre una fría losa, hundido en un sueño monstruoso, ¡con los brazos alrededor del cuerpo rígido, tieso y desnudo de un fétido cadáver! Con los ojos llenos de una mezcla de repugnancia y compasión, me arrancó de mis salaces sueños.

Educada pero firmemente, me indicó que debía irme, que mis nervios estaban alterados, que necesitaba un largo descanso de las repelentes tareas que mi oficio exige, que mi impresionable juventud estaba demasiado profundamente afectada por la funesta atmósfera del lugar. ¡Cuán poco sabía de los demoníacos deseos que espoleaban mi detestable anormalidad! Fui suficientemente juicioso como para ver que el responder sólo lo reafirmaría en su creencia de mi potencial locura... resultaba mucho mejor marcharse que invitarlo a descubrir los motivos ocultos tras mis actos.

Tras eso, no me atreví a permanecer mucho tiempo en un lugar por miedo a que algún acto abierto descubriera mi secreto a un mundo hostil. Vagué de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo. Trabajé en depósitos de cadáveres, rondé cementerios, hasta un crematorio... cualquier sitio que me brindara la oportunidad de estar cerca de la muerte que tanto anhelaba.

Entonces llegó la Guerra Mundial. Fui uno de los primeros en alistarme y uno de los últimos en volver, cuatro años de infernal osario ensangrentado... nauseabundo légamo de trincheras anegadas de lluvia... mortales explosiones de histéricas granadas... el monótono silbido de balas sardónicas... humeantes frenesíes de las fuentes del Flegeton1... letales humaredas de gases venenosos... grotescos restos de cuerpos aplastados y destrozados... cuatro años de trascendente satisfacción.

En cada vagabundo hay una latente necesidad de volver a los lugares de su infancia. Unos pocos meses más tarde, me encontré recorriendo los familiares y apartados caminos de Fenham. Deshabitadas y ruinosas granjas se alineaban junto a las cunetas, mientras que los años habían deparado un retroceso igual en la propia ciudad. Apenas había un puñado de casas ocupadas, aunque entre ellas estaba la que una vez yo considerara mi hogar. El sendero descuidado e invadido por malas hierbas, las persianas rotas, los incultos terrenos de detrás, todo era una muda confirmación de las historias que había obtenido con ciertas indagaciones: que ahora cobijaba a un borracho disoluto que arrastraba una mísera existencia con las faenas que le encomendaban algunos vecinos, por simpatía hacia la maltratada esposa y el mal nutrido hijo que compartían su suerte. Con todo esto, el encanto que envolvía los ambientes de mi juventud había desaparecido totalmente; así, acuciado por algún temerario impulso errante, volví mis pasos a Bayboro.

Aquí, también los años habían traído cambios, aunque en sentido inverso. La pequeña ciudad de mis recuerdos casi había duplicado su tamaño a pesar de su despoblamiento en tiempo de guerra. Instintivamente busqué mi primitivo lugar de trabajo, descubriendo que aún existía, pero con nombre desconocido y un "Sucesor de" sobre la puerta, puesto que la epidemia de gripe había hecho presa del señor Gresham, mientras que los muchachos estaban en ultramar.

Alguna fatídica disposición me hizo pedir trabajo. Comenté mi aprendizaje bajo el señor Gresham con cierto recelo, pero se había llevado a la tumba el secreto de mi poco ética conducta. Una oportuna vacante me aseguró la inmediata recolocación.

Entonces volvieron erráticos recuerdos sobre noches escarlatas de impíos peregrinajes y un incontrolable deseo de reanudar aquellos ilícitos placeres. Hice a un lado la precaución, lanzándome a otra serie de condenables desmanes. Una vez más, la prensa amarilla dio la bienvenida a los diabólicos detalles de mis crímenes, comparándolos con las rojas semanas de horror que habían pasmado a la ciudad años atrás. Una vez más la policía lanzó sus redes, sacando entre sus enmarañados pliegues... ¡nada!

Mi sed del nocivo néctar de la muerte creció hasta ser un fuego devastador, y comencé a acortar los períodos entre mis odiosas explosiones. Comprendí que pisaba suelo resbaladizo, pero el demoníaco deseo me aferraba con torturantes tentáculos y me obligaba a proseguir.

Durante todo este tiempo, mi mente estaba volviéndose progresivamente insensible a cualquier otra influencia que no fuera la satisfacción de mis enloquecidos anhelos. Dejé deslizar, en alguna de esas maléficas escapadas, pequeños detalles de vital importancia para identificarme. De cierta forma, en algún lugar, dejé una pequeña pista, un rastro fugitivo, detrás... no lo bastante como para ordenar mi arresto, pero sí lo suficiente como para volver la marea de sospechas en mi dirección. Sentía el espionaje, pero aun así era incapaz de contener la imperiosa demanda de más muerte para acelerar mi enervado espíritu.

Enseguida llegó la noche en que el estridente silbato de la policía me arrancó de mi demoníaco solaz sobre el cuerpo de mi postrer víctima, con una ensangrentada navaja todavía firmemente asida. Con un ágil movimiento, cerré la hoja y la guardé en el bolsillo de mi chaqueta. Las porras de la policía abrieron grandes brechas en la puerta. Rompí la ventana con una silla, agradeciendo al destino haber elegido uno de los distritos más pobres como morada. Me descolgué hasta un callejón mientras las figuras vestidas de azul irrumpían por la destrozada puerta. Huí saltando inseguras vallas, a través de mugrientos patios traseros, cruzando míseras casas destartaladas, por estrechas calles mal iluminadas. Inmediatamente, pensé en los boscosos pantanos que se alzaban más allá de la ciudad, extendiéndose unos 60 kilómetros hasta alcanzar los arrabales de Fenham. Si podía llegar a esa meta, estaría temporalmente a salvo. Antes del alba me había lanzado de cabeza por el ansiado despoblado, tropezando con los podridos troncos de árboles moribundos cuyas ramas desnudas se extendían como brazos grotescos tratando de estorbarme con su burlón abrazo.

Los diablos de las funestas deidades a quienes había ofrecido mis idólatras plegarias debían haber guiado mis pasos hacia aquella amenazadora ciénaga.

Una semana más tarde, macilento, empapado y demacrado, rondaba por los bosques a kilómetro y medio de Fenham. Había eludido por fin a mis perseguidores, pero no osaba mostrarme, a sabiendas de que la alarma debía haber sido radiada. Tenía remota la esperanza de haberlos hecho perder el rastro. Tras la primera y frenética noche, no había oído sonido de voces extrañas ni los crujidos de pesados cuerpos entre la maleza. Quizás habían decidido que mi cuerpo yacía oculto en alguna charca o se había desvanecido para siempre entre los tenaces cenagales.

El hambre roía mis tripas con agudas punzadas, y la sed había dejado mi garganta agotada y reseca. Pero, con mucho, lo peor era el insoportable hambre de mi famélico espíritu, hambre del estímulo que sólo encontraba en la proximidad de los muertos. Las ventanas de mi nariz temblaban con dulces recuerdos. No podía engañarme demasiado con el pensamiento de que tal deseo era un simple capricho de la imaginación. Sabía que era parte integral de la vida misma, que sin ella me apagaría como una lámpara vacía. Reuní todas mis restantes energías para aplicarme en la tarea de satisfacer mi inicuo apetito. A pesar del peligro que implicaban mis movimientos, me adelanté a explorar contorneando las protectoras sombras como un fantasma obsceno. Una vez más sentí la extraña sensación de ser guiado por algún invisible acólito de Satanás.

Y aun mi alma endurecida por el pecado se agitó durante un instante al encontrarme ante mi domicilio natal, el lugar de mi retiro de juventud.

Luego, esos inquietantes recuerdos pasaron. En su lugar llegó el ávido y abrumador deseo. Tras las podridas cercas de esa vieja casa aguardaba mi presa. Un momento más tarde había alzado una de las destrozadas ventanas y me había deslizado por el alféizar. Escuché durante un instante, con los sentidos alerta y los músculos listos para la acción. El silencio me recibió. Con pasos felinos recorrí las familiares estancias, hasta que unos ronquidos estentóreos me indicaron el lugar donde encontraría remedio a mis sufrimientos. Me permití un vistazo de éxtasis anticipado mientras franqueaba la puerta de la alcoba. Como una pantera, me acerqué a la tendida forma sumida en el estupor de la embriaguez. La mujer y el niño -¿dónde estarían?-, bueno, podían esperar. Mis engarfados dedos se deslizaron hacia su garganta...

Horas más tarde volvía a ser el fugitivo, pero una renovada fortaleza robada era mía. Tres silenciosos cuerpos dormían para no despertar. No fue hasta que la brillante luz del día invadió mi escondrijo que visualicé las inevitables consecuencias de la temeraria obtención de alivio. En ese tiempo los cuerpos debían haber sido descubiertos. Aun el más obtuso de los policías rurales seguramente relacionaría la tragedia con mi huida de la ciudad vecina. Además, por primera vez había sido lo bastante descuidado como para dejar alguna prueba tangible de identidad... las huellas dactilares en las gargantas de mis recientes víctimas. Durante todo el día temblé preso de aprensión nerviosa. El simple chasquido de una ramita seca bajo mis pies conjuraba inquietantes imágenes mentales. Esa noche, al amparo de la oscuridad protectora, bordeé Fenham y me interné en los bosques de más allá. Antes del alba tuve el primer indicio definido de la renovada persecución... el distante ladrido de los sabuesos.

Me apresuré a través de la larga noche, pero durante la mañana pude sentir cómo mi artificial fortaleza menguaba. El mediodía trajo, una vez más, la persistente llamada de la perturbadora maldición y supe que me derrumbaría de no volver a experimentar la exótica intoxicación que sólo llegaba en la proximidad de mis adorados muertos. Había viajado en un amplio semicírculo. Si me esforzaba en línea recta, la medianoche me encontraría en el cementerio donde había enterrado a mis padres años atrás. Mi única esperanza, lo sabía, residía en alcanzar esta meta antes de ser capturado. Con un silencioso ruego a los demonios que dominaban mi destino, me volví encaminando mis pasos en la dirección de mi último baluarte.

¡Dios! ¿Pueden haber pasado escasas doce horas desde que partí hacia mi espectral santuario? He vivido una eternidad en cada pesada hora. Pero he alcanzado una espléndida recompensa ¡El nocivo aroma de este descuidado paraje es como incienso para mi doliente alma!

Los primeros reflejos del alba clarean en el horizonte. ¡Vienen! ¡Mis agudos oídos captan el todavía lejano aullido de los perros! Es cuestión de minutos para que me encuentren y me aparten para siempre del resto del mundo, ¡para perder mis días en anhelos desesperados, hasta que al final sea uno con los muertos que amo!

¡No me cogerán! ¡Hay una puerta de escape abierta! Una elección de cobarde, quizás, pero mejor -mucho mejor- que los interminables meses de indescriptible miseria. Dejaré esta relación tras de mí para que algún alma pueda quizás entender por qué hice lo que hice.

¡La navaja de afeitar! Aguardaba olvidada en mi bolsillo desde mi huida de Bayboro. Su hoja ensangrentada reluce extrañamente en la menguante luz de la angosta luna. Un rápido tajo en mi muñeca izquierda y la liberación está asegurada... cálida, la sangre fresca traza grotescos dibujos sobre las carcomidas y decrépitas lápidas... hordas fantasmales se apiñan sobre las tumbas en descomposición... dedos espectrales me llaman por señas... etéreos fragmentos de melodías no escritas en celestial crescendo... distantes estrellas danzan embriagadoramente en demoníaco acompañamiento... un millar de diminutos martillos baten espantosas disonancias sobre yunques en el interior de mi caótico cerebro... fantasmas grises de asesinados espíritus desfilan ante mí en silenciosa burla... abrasadoras lenguas de invisible llama estampan la marca del Infierno en mi alma enferma... no puedo... escribir... más...

FIN

miércoles, 10 de marzo de 2010

Lovecraft, Los Amados Muertos (II)


Algo en la estancia oscurecida, el ovalado ataúd con sus sombrías colgaduras, los apiñados montones de fragantes ramilletes, las demostraciones de dolor por parte de los ciudadanos congregados, me arrancó de mi normal apatía y captó mi atención. Saliendo de mi momentáneo ensueño merced a un codazo de mi madre, la seguí por la estancia hasta el féretro donde yacía el cuerpo de mi abuelo.

Por primera vez, estaba cara a cara con la Muerte. Observé el rostro sosegado y surcado por infinidad de arrugas, y no vi nada que causara demasiado pesar. Al contrario, me pareció que el abuelo estaba inmensamente contento, plácidamente satisfecho. Me sentí sacudido por algún extraño y discordante sentido de regocijo. Tan suave, tan furtivamente me envolvió que apenas puedo determinar su llegada. Mientras rememoro lentamente ese instante portentoso, me parece que debe haberse originado con mi primer vistazo a la escena del funeral, estrechando silenciosamente su cerco con sutil insidia. Una funesta y maligna influencia que parecía provenir del cadáver mismo me aferraba con magnética fascinación. Mi mismo ser parecía cargado de electricidad estática y sentí mi cuerpo tensarse involuntariamente. Mis ojos intentaban traspasar los párpados cerrados del difunto y leer el secreto mensaje que ocultaban. Mi corazón dio un repentino salto de júbilo impío batiendo contra mis costillas con fuerza demoníaca, como tratando de librarse de las acotadas paredes de mi caja torácica.

Una salvaje y desenfrenada sensualidad complaciente me envolvió. Una vez más, el vigoroso codazo maternal me devolvió a la actividad. Había llegado con pies de plomo hasta el ataúd tapizado de negro, me alejé de él con vitalidad recién descubierta.

Acompañé al cortejo hasta el cementerio con mi ser físico inundado de místicas influencias vivificantes. Era como si hubiera bebido grandes sorbos de algún exótico elixir... alguna abominable poción preparada con las blasfemas fórmulas de los archivos de Belial. La población estaba tan volcada en la ceremonia que el radical cambio de mi conducta pasó desapercibido para todos, excepto para mi padre y mi madre; pero en la quincena siguiente, los chismosos locales encontraron nuevo material para sus corrosivas lenguas en mi alterado comportamiento. Al final de la quincena, no obstante, la potencia del estímulo comenzó a perder efectividad. En uno o dos días había vuelto por completo a mi languidez anterior, aunque no era la total y devoradora insipidez del pasado. Antes, había una total ausencia del deseo de superar la inactividad; ahora, vagos e indefinidos desasosiegos me turbaban. De puertas afuera, había vuelto a ser el de siempre, y los maldicientes buscaron algún otro sujeto más propicio. Ellos, de haber siquiera soñado la verdadera causa de mi reanimación, me hubieran rehuido como a un ser leproso y obsceno.

Yo, de haber adivinado el execrable poder oculto tras mi corto periodo de alegría, me habría aislado para siempre del resto del mundo, pasando mis restantes años en penitente soledad.

Las tragedias vienen a menudo de tres en tres, de ahí que, a pesar de la proverbial longevidad de mis conciudadanos, los siguientes cinco años me trajeron la muerte de mis padres. Mi madre fue la primera, en un accidente de la naturaleza más inesperada, y tan genuino fue mi pesar que me sentí sinceramente sorprendido de verlo burlado y contrarrestado por ese casi perdido sentimiento de supremo y diabólico éxtasis. De nuevo mi corazón brincó salvajemente, otra vez latió con velocidad galopante enviando la sangre caliente a recorrer mis venas con meteórico fervor. Sacudí de mis hombros el fatigoso manto de inacción, sólo para reemplazarlo por la carga, infinitamente más horrible, del deseo repugnante y profano. Busqué la cámara mortuoria donde yacía el cuerpo de mi madre, con el alma sedienta de ese diabólico néctar que parecía saturar el aire de la estancia oscurecida.

Cada inspiración me vivificaba, lanzándome a increíbles cotas de seráfica satisfacción. Ahora sabía que era como el delirio provocado por las drogas y que pronto pasaría, dejándome igualmente ávido de su poder maligno; pero no podía controlar mis anhelos más de lo que podía deshacer los nudos gordianos que ya enmarañaban la madeja de mi destino.

jueves, 25 de febrero de 2010

Lovecraft, Los Amados Muertos(I)


Es media noche. Antes del alba darán conmigo y me encerrarán en una celda negra, donde languideceré interminablemente, mientras insaciables deseos roen mis entrañas y consumen mi corazón, hasta ser al fin uno con los muertos que amo.

Mi asiento es la fétida fosa de una vetusta tumba; mi pupitre, el envés de una lápida caída y desgastada por los siglos implacables; mi única luz es la de las estrellas y la de una angosta media luna, aunque puedo ver tan claramente como si fuera mediodía. A mi alrededor, como sepulcrales centinelas guardando descuidadas tumbas, las inclinadas y decrépitas lápidas yacen medio ocultas por masas de nauseabunda maleza en descomposición. Y sobre todo, perfilándose contra el enfurecido cielo, un solemne monumento alza su austero capitel ahusado, semejando el espectral caudillo de una horda fantasmal. El aire está enrarecido por el nocivo olor de los hongos y el hedor de la húmeda tierra mohosa, pero para mí es el aroma del Elíseo. Todo es quietud -terrorífica quietud-, con un silencio cuya intensidad promete lo solemne y lo espantoso.

De haber podido elegir mi morada, lo hubiera hecho en alguna ciudad de carne en descomposición y huesos que se deshacen, pues su proximidad brinda a mi alma escalofríos de éxtasis, acelerando la estancada sangre en mis venas y forzando a latir mi lánguido corazón con júbilo delirante... ¡Porque la presencia de la muerte es vida para mí!

Mi temprana infancia fue de una larga, prosaica y monótona apatía. Sumamente ascético, descolorido, pálido, enclenque y sujeto a prolongados raptos de mórbido ensimismamiento, fui relegado por los muchachos saludables y normales de mi propia edad. Me tildaban de aguafiestas y "vieja" porque no me interesaban los rudos juegos infantiles que ellos practicaban, o porque no poseía el suficiente vigor para participar en ellos, de haberlo deseado.

Como todas las poblaciones rurales, Fenham tenía su cupo de chismosos de lengua venenosa. Sus imaginaciones maldicientes achacaban mi temperamento letárgico a alguna anormalidad aborrecible; me comparaban con mis padres agitando la cabeza con ominosa duda en vista de la gran diferencia. Algunos de los más supersticiosos me señalaban abiertamente como un niño cambiado por otro, mientras que otros, que sabían algo sobre mis antepasados, llamaban la atención sobre rumores difusos y misteriosos acerca de un tíotatarabuelo que había sido quemado en la hoguera por nigromante.

De haber vivido en una ciudad más grande, con mayores oportunidades para encontrar amistades, quizás hubiera superado esta temprana tendencia al aislamiento.

Cuando llegué a la adolescencia, me torné aún más sombrío, morboso y apático. Mi vida carecía de alicientes. Me parecía ser preso de algo que ofuscaba mis sentidos, trababa mi desarrollo, entorpecía mis actividades y me sumía en una inexplicable insatisfacción. Tenía dieciséis años cuando acudí a mi primer funeral. Un sepelio en Fenham era un suceso de primer orden social, ya que nuestra ciudad era señalada por la longevidad de sus habitantes. Cuando, además, el funeral era el de un personaje tan conocido como mi abuelo, podía asegurarse que el pueblo entero acudiría en masa para rendir el debido homenaje a su memoria. Pero yo no contemplaba la próxima ceremonia con interés ni siquiera latente. Cualquier asunto que tendiera a arrancarme de mi inercia habitual sólo representaba para mí una promesa de inquietudes físicas y mentales. Cediendo ante las presiones de mis padres, y tratando de hurtarme a sus cáusticas condenas sobre mi actitud poco filial, convine en acompañarles. No hubo nada fuera de lo normal en el funeral de mi abuelo salvo la voluminosa colección de ofrendas florales; pero esto, recuerdo, fue mi iniciación en los solemnes ritos de tales ocasiones.

Algo en la estancia oscurecida, el ovalado ataúd con sus sombrías colgaduras, los apiñados montones de fragantes ramilletes, las demostraciones de dolor por parte de los ciudadanos congregados, me arrancó de mi normal apatía y captó mi atención. Saliendo de mi momentáneo ensueño merced a un codazo de mi madre, la seguí por la estancia hasta el féretro donde yacía el cuerpo de mi abuelo.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Anne Rice, La Hora de las Brujas


Se quedó delante de la puerta de hierro mientras el taxi se alejaba, envuelta en el murmullo del silencio. Era imposible imaginar una casa más desoladora ni prohibida.La inclemente luz de las farolas de la calle se filtraba como si fuera la luna llena entre las ramas de los árboles, y se derramaba sobre las lajas cuaerteadas, los escalones de mármol cubiertos de por un lecho de hojas secas, las gruesas columnas acanaladas con la pintura blanca que se descascarillaba, con manchas negras de humedad, los ruinosos tablones del porche que llegaban irregulares hasta la puerta abierta por la que salía una luz débil que no paraba de parpadear.
Lentamente paseó sus ojos por los postigos cerrados y por el jardín salvaje. Caía una llovizna muy fina desde que había salido del hotel - casi tan fina como la neblina - , que dejaba el asfalto resplandeciente, y le llegaba con suavidad a la cara y los hombros.
"Aquí pasó mi madre toda su vida", pensó Rowan. Aquí había nacido su madre. Aquí se sentó Ellie junto al ataúd de Stella.
¿La puerta estraba abierta para ella? ¿Para darle la bienvenida? El marco de madera parecía una boca gigante, ancho en la base y más estrecho en lo alto. ¿Dónde había visto este tipo de quicio en forma de cerradura? En el panteón del cementerio de Lafayette.Qué irónica, porque esta casa también había sido la tumba de su madre.