lunes, 31 de agosto de 2009

Victoria Francés, Favole

¿Y ese niño?
¿Es un ángel o un demonio?
Lo único que sabe de su dulce aparición es que su voz es música,
sus ojos irradian ternura y algo en él le dice que está tan solo como ella.

martes, 25 de agosto de 2009

Sangre


" A veces pienso en lo divertido que sería que el autobús en que estoy atropellase a una de esas personas que se saltan los semáforos, simplemente por saber qué ocurriría a continuación. Cuando pasa por mi mente un pensamiento de ese estilo una sonrisa diabólica aparece en mi rostro. Me apetece ver la sangre de la pobre víctima de mi faantasía.
Muchas veces pienso en tirarme a las vías del tren, a veces para desaparecer, otras para conocer las reacciones de los demás. Si algún día llegase a tirarme lo haría de espaldas, para poder ver las caras de terror de la gente al ver mi sonrisa maligna, para luego desaparecer entre los restos mortales de mi cuerpo.
De vez en cuando deseo coger una cuchilla y cortarme y oir cada gota del líquido de vida caer al suelo; y sentirme cada vez más débil. O meterme en la baañera y observar cómo el agua se tiñe lentamente..."

Empiezo a pensar que no me sienta bien escuchar la misma canción de Marilyn Manson durante todo un día.

lunes, 24 de agosto de 2009

Paulo Coelho, la Bruja de Portobello

Nadie enciendo una lámpara para esconderla detrás de la puerta: el objetivo de dar la luz es dar más luz, abrir los ojos, mostrar las maravillas a su alrededor.
Nadie ofrece len sacrificio lo más importante que posee
: el amor.
Nadie pone sus sueños en manos de aqu
ellos que pueden destruirlos.
Excepto Athena.
Mucho tiempo después de su muerte, su antigua maestra me pidió que la acompañase hasta la ciudaad de Prestonpans, en Escocia. Allí, aprovechando una ley feudal que fue abolida al mes siguiente, la ciudad concedió el perdón oficial a ochenta y
una personas -y a sus gatos- ejecutadas por practicar la brujería entre los siglos XVI y XVII.
Según la portavoz oficial de los barones de Prestoungrange y Dolphinstoun, "la mayoría habían sido condenados sin ninguna prueba concreta, basándose solamente en los testigos de la acusación, que declaraban sentir la presencia de espíritus malignos".
No merece la pena recordar de nuevo todos los excesos de la Inquisición, con sus potros de tortura y sus hogueras en llamas de odio y venganza. Pero en el camino, Edda repitió varias veces que había algo en ese gesto que no podía aceptar: la ciudad y el decimocuarto barón de Prestoungrange y Dolphinstoun les estaban "concediendo el perdón" a personas ejecutadas brutalmente.