lunes, 23 de febrero de 2009

Anne Rice, Armand, El Vampiro


"-El mundo convencional es estúpido-repliqué, dirigiéndome hacia el ático. Vi un pequeño dormitorio con los muros de yeso desconchados y pintados con grandes y vistosasrosas victorianas y unas hojas borrosas de color verde pálido. Entré en la habitación. La luz penetraba a través de una elevada ventana a la que una niña no habría podido asomarse. <>, pensé.
-¡Quién dijo que aquí murió una niña?-pregunté.
La habitación estaba limpia y ordenada, pese al deterioro causado por el paso del tiempo.No noté presencia alguna. Todo estaba perfecto; no había ningún fantasma para darme áanimos. ¿Por qué iba a despertarse un fantasma de su plácido sueño para reconfortarme?
Me quedaba el recurso de recrearme en el recuerdo de la niña, su tierna leyenda. ¿Cómo es posible que mueran asesinados niños en orfanatos atendidos sólo por monjas? Nunca supuse que laas mujeres pudieran ser tan crueles. Quizá secas, carentes de imaginación, pero no tan agresivas como nosotros, capaces de matar.
Deambulé por la habitación. En una pared había unos taquilleros de madera, uno de los cuales estaba abierto y contenía unos zapatitos marrones, estilo Oxford, con cordones negros. De pronto, al volverme, vi el hueco roto y astillado del que habían arrancado sus ropas. Las prendas de la niña yacían allí, arrugadas y cubiertas de moho.
Se apoderó de mí una inmovilidad como si el polvp de la habitación se compusiera de unos fragmentos de hielo caídos de las elevadas cimas de unas montañas altaneras y monstruosamente egoístas con el fin de congelar a todo ser vivo, para aniquilar a todo cuanto respirara, sintiera, soñara o viviera.
-<>

martes, 27 de enero de 2009

Anne Rice, El Ladrón De Cuerpos


¿Y quién puede ser la afortunada dama que en este instante camina ciega e inexorablemente hacia ese horror entre la multitud dispersa y deprimente de primera hora de laa noche en este barrio también deprimente de la ciudad? ¿No lleva un paquete de leche y una lechuga en una bolsa de papel marrón? ¿Apresurará su paso a la vista de los criminales de la esquina? ¿Tal vez se lamenta por la vieja casa en primera línea de playa en la que tal vez vivía tan contenta antes de que los arquitectos y decoradores la obligaran a trasladarse a las desconchadas casas de huéspedes, distantes del mar?
¿ Y qué pensará él, ese repugnante ángel de la muerte, cuando finalmente la divise? ¿Será ella quien le recuerde la mítica arpía de la infancia, la que le quitó el juicio a golpes para ser elevada luego al panteón dantesco de su subconsciente? ¿O tal vez estamos pidiendo demasiado?
Me refiero a que hay asesinos de esta clase que no establecen la menor relación esntre símbolo y realidad y que no conservan los recueerdos más allá de unos cuantos días. Lo único cierto es que sus víctimas no se lo merecen y que ellos, los asesinos, tienen merecido encontrarse conmigo.
¡Ah, bien!, yo haré tripas su corazón amenazador antes de que tenga ocasión de cobrarse su presa, y él me dará todo lo que tiene y es.

martes, 20 de enero de 2009

George Orwell, nineteen eighty-four

"Did you ever happen to hear an old rhyme that begins Oranges and lemons, say the bells of St. Clement´s?"
Again O´Brien nodded. With a sort of grave courtesy he completed the stanza:
"Oranges and lemons, say the bells of st. Clement´s,
You owe me three farthings, ssy the bells of St. Marin´s,
when will you pay me? say the bells of Old Baley,
when I grow rich, say the bells of shoreditch."