lunes, 24 de agosto de 2009

Paulo Coelho, la Bruja de Portobello

Nadie enciendo una lámpara para esconderla detrás de la puerta: el objetivo de dar la luz es dar más luz, abrir los ojos, mostrar las maravillas a su alrededor.
Nadie ofrece len sacrificio lo más importante que posee
: el amor.
Nadie pone sus sueños en manos de aqu
ellos que pueden destruirlos.
Excepto Athena.
Mucho tiempo después de su muerte, su antigua maestra me pidió que la acompañase hasta la ciudaad de Prestonpans, en Escocia. Allí, aprovechando una ley feudal que fue abolida al mes siguiente, la ciudad concedió el perdón oficial a ochenta y
una personas -y a sus gatos- ejecutadas por practicar la brujería entre los siglos XVI y XVII.
Según la portavoz oficial de los barones de Prestoungrange y Dolphinstoun, "la mayoría habían sido condenados sin ninguna prueba concreta, basándose solamente en los testigos de la acusación, que declaraban sentir la presencia de espíritus malignos".
No merece la pena recordar de nuevo todos los excesos de la Inquisición, con sus potros de tortura y sus hogueras en llamas de odio y venganza. Pero en el camino, Edda repitió varias veces que había algo en ese gesto que no podía aceptar: la ciudad y el decimocuarto barón de Prestoungrange y Dolphinstoun les estaban "concediendo el perdón" a personas ejecutadas brutalmente.

miércoles, 22 de julio de 2009

Bernhard Schlink, Der Vorleser


Was sind die Zeiten der Krankheit un Kinderheit und Jugend doch für verwunschene Zeiten! Die Aussenwelt, die Freizeitwelt in Hof oder Garten oder auf der Strasse dringt nur mit gedämpften Geräuschen ins Krankenzimmer. Drinnen wuchert die Welt der Geschichten und Gestalten, von denen der Kranke liest. Das Fieber, das die Wahrnehmung sachwächt und die Phantasie sachärft, macht das Krankenzimmer zu einen neuen, zugleich xertrauten und fremden Raum; Monster zeigen in den Mustern des Vorhangs und der Tapete ihre Fatzen, uns Stühle, Tische, Regaleund Schrank türmen sich zu Gebiergen, Gebäuden oder Schiffen auf, zugleich zum Greifen nah und in weiter Ferne

viernes, 26 de junio de 2009

Alice Sebold, Casi La Luna


A fin de cuentas, matar a mi madre resultó sencillo. La demencia, cuando se precipita, logra de algún modo revelar el alma de la persona afectada por ella. El alma de mi madre estaba corrompida como el agua salobre que llevara semanas en el fondo de un jarrón con flores. Era hermona cuando mi padre la conoció y aún consevaba la capacidad de amar cuando se conviertió en mi madre a una edad avanzada, pero en el momento en que aquel día levantó la vista para mirarme, nada de eso tuvo la menor importancia.
Si no hubiera descolgado el auricular, la señora Castle, la desafortunada vecina de mi madre, habría seguido llamando a los números de emergencia de la lista que colgaba del frigorífico color almendra de mi madre.